Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día y feliz domingo. Hoy en esta clásica columna dominical abordaremos algunos temas muy locales y regionales, algunos de los cuales pueden generar debate, porque el celeste y el violeta son cosas distintas ¿o no?. Zárate es celeste y Campana es violeta, y aunque esos colores nacieron en la pasión futbolera de Defensores Unidos y Villa Dálmine, hoy también pintan las diferencias más profundas entre dos ciudades que se miran, se comparan y se miden en la cancha, en la vida y en el futuro. Celeste y violeta, dos colores que dicen más de lo que parecen. Rivalidad, identidad y futuro en clave local. Vamos con las pinceladas.
Mientras la empresa Techint, con Paolo Rocca al frente del complejo que integra a miles de campanenses y zarateños laboralmente, se cruza con el presidente Javier Milei por la licitación de tubos para Vaca Muerta adjudicada a una proveedora india en detrimento de nuestra fábrica regional, también aparecen otras cuestiones que nos vinculan con Campana. Este espacio que compartimos desde hace 30 años —los mismos que se cumplen desde que asumimos la edición de EL DEBATE, emprendimiento que adquirimos a un campanense, Alfredo Della Casa, y relanzamos como un Sentimiento Zarateño— nos invita a pensar en lo que nos hermana, nos distingue y nos diferencia.
Defensores Unidos vuelve a la B Metropolitana y con él regresa el clásico frente a Villa Dálmine, después de 14 años de espera. El próximo fin de semana será el inicio de un año futbolero distinto, cargado de emociones, porque no se trata solo de volver a competir: se trata de revivir una rivalidad histórica que marcó generaciones. Aquella victoria en Villa Fox con gol del Chavo Lema todavía late en la memoria, y ahora, en la quinta fecha, volveremos a recibirlos primero y visitarlos después a nuestro eterno rival campanense. El fútbol nos devuelve pasión, identidad y pertenencia, y en ese espejo también podemos ver cómo se miden las ciudades. Acá esperamos celebrar, nuevamente.
Ahora, Campana reporta más nacimientos que Zárate por primera vez en varios años, y ese dato no puede pasar desapercibido. En 2025, Campana registró 936 nacimientos, mientras que Zárate apenas 730, una caída abrupta zarateña del 30% con respecto a los 1027 de 2024. La diferencia no es solo estadística: habla de futuro, de confianza, de condiciones para que las familias jóvenes elijan dónde crecer. Acá nos ganaron.
Al mismo tiempo, Campana muestra un crecimiento exponencial en su vida nocturna y comercial. La ciudad se embellece, suma propuestas gastronómicas y culturales, y se consolida como polo de atracción. Zárate, en cambio, se ve descuidada, sucia en muchos sectores, sin inversiones que transmitan cariño ni proyectos que devuelvan el brillo de lo que supimos ser. Hace algunos años, nuestra ciudad era referencia regional en la movida nocturna; hoy esa vitalidad parece haberse trasladado a la vecina localidad. Nos ganan.
Las comparaciones pueden ser odiosas, pero son necesarias. Campana nos está “pasando el trapo”, como dice el dicho popular, y no por casualidad: hay inversión y se ve claramente, hay visión de futuro. En Zárate, en cambio, se percibe hace años un retroceso, tanto en los números como en la vida cotidiana. No se trata de competir con Campana, sino de mirarnos con honestidad y preguntarnos qué estamos dejando de hacer. Porque la identidad de Zárate no puede ser la del abandono. Es tiempo de recuperar orgullo, de volver a pensar la ciudad y de demostrar que todavía tenemos mucho por ofrecer. Nos están ganando.
Nos volveremos a encontrar el próximo domingo. En el medio, el Congreso debatirá reformas laborales, impositivas y la edad de imputabilidad, mientras el mundo recordará el Día Mundial del Cáncer, una fecha que nos obliga a reflexionar sobre la salud y la vida de todos.
Y entendamos al final que, entre celeste y violeta, no se trata solo de camisetas ni de clásicos: se trata de dos ciudades que se miran en el espejo y deciden su camino… en él, si quieren crecer o quedarse atrás. Porque amigos, entre Zárate y Campana, las diferencias se sienten y se ven. El clásico no se juega solo en la cancha.
Que tengamos una semana bendecida.
AL QUE LE QUEPA EL SAYO…











