Por Daniel Armando Vogel — Hola, buen día, feliz domingo. Por estos días, la política nacional se muestra convulsionada: el gobierno de Milei celebra avances en el Congreso mientras la oposición acumula tropiezos. Son tiempos intensos, de debates fuertes, de nuestro folclore en su máxima expresión y también de despedida de las vacaciones con nuestros purretes.

En ese marco, en el debate por la “modernización de la Ley de Trabajo”, durante la semana se escucharon frases históricas que resuenan con fuerza. Algunos recordaron lo dicho por Juan Domingo Perón: “Cuando los pueblos agotan su paciencia, hacen tronar el escarmiento”. Otros, en tono golpista, evocaron la imagen de los helicópteros que marcaron las salidas de Estela Martínez de Perón y Fernando De la Rúa.

También circuló una cita atribuida a Mahatma Gandhi —“correrán ríos de sangre…”— que algunos completaron con la frase “si se aprueba esta Ley”. Una interpretación equivocada y peligrosa, porque la democracia no se construye con amenazas ni con violencia, sino con respeto y participación. El costo de lo que no nos gusta nunca debe ser sangre inocente.

La democracia es así: ganar y gobernar, perder y prepararse para la próxima elección. Nunca decirle al ciudadano “jodete por lo que votaste”. Mucho menos insultar desde una banca a quienes piensan distinto. El mandato popular es gobernar con respeto, y las leyes se discuten para ejecutar planes de gobierno, no para dividir al pueblo. El nivel de nuestros representantes en el Congreso refleja tensiones que deberían resolverse con mayor altura y respeto.

En este contexto, la llamada “modernización” de la Ley de Trabajo de 1974 avanza con amplias mayorías en ambas cámaras y esta semana podría quedar definitivamente aprobada. Nos guste o no, la expectativa es que su implementación contribuya al bienestar del pueblo argentino, que desde hace años observa con preocupación cómo conviven empresarios, sindicalistas y dirigentes multimillonarios con una realidad donde la pobreza crece, el trabajo informal no se reduce y los sectores más vulnerables continúan reclamando dignidad.

En ese proceso también genera preocupación la derogación del Estatuto del Periodista incluida en el paquete de reformas. ¿Está la libertad de prensa en riesgo? Es una pregunta que atraviesa al sector y a la sociedad en su conjunto. Son muchos los trabajadores de prensa y organizaciones que han levantado su voz en defensa de derechos históricos del ejercicio profesional. El tiempo será testigo de las consecuencias, pero resulta imprescindible que cualquier transformación preserve garantías esenciales para el periodismo y para el derecho ciudadano a la información.

Pero la Argentina no es solo discusión política; también es cultura, identidad y expresión popular.

Mientras tanto, en Zárate, el festival del Chamamé en el Parque Urbano vuelve a demostrar la vigencia de nuestras tradiciones, con música, baile y sapucai compartidos por la comunidad. Y cruzando la cordillera, el folklore argentino encuentra otra oportunidad de proyección internacional.

Nuestros vecinos más representativos del folklore joven —Sergio Prada (Campana) y Agustín Fantili (San Pedro), vecinos de Zárate, el dúo Campedrinos— se preparan para competir en el Festival de Viña del Mar con La Zamba, buscando una consagración internacional tras haber sido revelación en Cosquín. Son artistas nacidos en nuestra región, formados con trabajo, humildad y perseverancia, que hoy llevan la música popular argentina a escenarios de alcance global.

Podemos acompañarlos votando desde el sitio oficial del canal Mega los días de su presentación —domingo 22 y martes 24— entre las 21.30 y el cierre de la competencia. Desde EL DEBATE seguimos apoyando este crecimiento artístico y profesional que nos llena de orgullo regional.

Vivimos así días de emociones intensas: debates políticos decisivos, expresiones culturales que nos unen y sueños colectivos que trascienden fronteras. Que el que gane lo haga con humildad y el que pierda con grandeza. Que las diferencias se expresen en paz. Que la cultura siga siendo puente.

Y mientras todo eso sucede, febrero entra en su última semana y con él se despide el ritmo de las vacaciones. Son días para disfrutar los últimos momentos del verano, valorar el encuentro en familia y acompañar a nuestros niños en el regreso a las aulas. Vuelven los guardapolvos, los cuadernos nuevos y las ilusiones renovadas de miles de alumnos que inician un nuevo ciclo. Allí, en esos sueños cotidianos y silenciosos, también se construye el futuro del país.

Que tengamos una semana bendecida.

AL QUE LE QUEPA EL SAYO…