Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Buen domingo para todos. La semana nos recordó que la memoria no es pasado: es identidad y futuro. Desde Malvinas hasta Zárate, entre la industria, la cultura y los desafíos de las nuevas generaciones, se repite una misma idea: cuidar lo que somos para construir lo que viene.
Mientras parece que, por algunos momentos, las armas vuelven a dejar lugar a la diplomacia en el conflicto entre Rusia y Ucrania, aunque todavía estamos muy lejos de poder hablar de paz, en nuestro país esta semana volvimos a poner sobre la mesa una cuestión que forma parte de nuestra memoria colectiva y que, más allá de las posiciones políticas, sigue despertando sentimientos profundos en la mayoría de los argentinos: las Islas Malvinas.
La cadena nacional del presidente Javier Milei, en la que ratificó el reclamo de soberanía y anunció medidas relacionadas con la explotación petrolera en las islas y la construcción de una base naval en Tierra del Fuego, volvió a instalar el tema en el centro de la discusión pública y también provocó las inevitables comparaciones con aquel 1982 que permanece en nuestra memoria como una de las páginas más dolorosas de nuestra historia reciente. La reacción británica tampoco se hizo esperar y, mientras desde Londres se reafirmó la posición sobre las islas y la vigilancia sobre cualquier movimiento argentino, aquí aparecieron adhesiones, críticas y hasta quienes encontraron en algunas expresiones oficiales un eco de aquellos tiempos.
Creo que justamente por eso debemos ser muy cuidadosos, porque defender nuestra soberanía sobre Malvinas no significa necesariamente volver a transitar el camino de la confrontación. La Argentina tiene una causa que puede sostener con firmeza, pero también tiene la obligación de hacerlo desde la diplomacia, desde la inteligencia y desde una política de Estado que no dependa de quién gobierne circunstancialmente el país. Malvinas merece memoria, compromiso y perseverancia, pero sobre todo merece que nunca olvidemos el precio que pagamos cuando la política dejó paso a las armas.
Y quizás hablar de Malvinas esta semana nos permita mirar hacia nuestra propia ciudad, porque el 1 de septiembre Zárate también tuvo una oportunidad para encontrarse con su memoria: el Museo Histórico cumplió 35 años. Nacido en la vieja estación del Ferrocarril Urquiza y hoy instalado en la Quinta Jovita, sigue siendo sostenido por hombres y mujeres que entienden que una ciudad se construye también con sus historias y sus recuerdos. Ayer, en el patio de la Quinta, la Asociación de Amigos del Museo, su director y colaboradores celebraron esos 35 años de trabajo silencioso para que la historia de Zárate no quede perdida en el olvido.
Un día después, el 2 de septiembre, celebramos el Día de la Industria Argentina, una fecha que en Zárate tiene un significado especial porque buena parte de nuestra identidad se construyó alrededor del trabajo y la producción. Mientras la UIA marcó dificultades, la Unión Industrial de Zárate destacó nuestro “microclima” industrial, sostenido por nuestra ubicación, infraestructura, grandes empresas y la capacidad de nuestros trabajadores. Si además llegan nuevas inversiones y el municipio facilita ese proceso, tenemos derecho a mirar con expectativa, porque detrás de cada empresa que llega existe la posibilidad concreta de generar trabajo.
Pero si hablamos de futuro, también tenemos que mirar aquellos problemas que muchas veces no aparecen en las grandes estadísticas y que, sin embargo, están entrando silenciosamente en nuestras casas. Esta semana el Forum Cultural fue escenario de dos encuentros que merecen ser destacados precisamente porque pusieron en palabras dos de esos desafíos: el miércoles, la crianza digital y la relación de nuestros chicos y adolescentes con las pantallas, las redes y los riesgos de una exposición cada vez más temprana; y el viernes, la presentación de “La lucha del Caído”, de Carlos Velázquez, que abordó la ludopatía y el juego compulsivo, una problemática que también está alcanzando a personas cada vez más jóvenes. Son cuestiones diferentes, pero ambas nos obligan a preguntarnos cuánto estamos acompañando a nuestros hijos en un mundo que cambia mucho más rápido que nuestra capacidad para comprender esos cambios.
Y en este septiembre que recién comienza también aparece la solidaridad, con una nueva edición de “Más por Menos”, la tradicional colecta de la Iglesia Católica, que este año adquiere además una significación particular por la próxima visita del papa León XIV a la Argentina y, especialmente para nosotros, por su presencia en Luján, a poco más de 50 kilómetros de Zárate. Será una visita que seguramente movilizará a una multitud y que volverá a poner en primer plano una palabra que a veces parece olvidada en medio de tantas discusiones: comunidad.
Tal vez por eso, mirando todo lo ocurrido durante estos días, encuentro una misma idea detrás de cuestiones que parecen tan diferentes. Malvinas nos lleva a pensar en la identidad de una Nación; el Museo Histórico, en la identidad de una ciudad; la industria, en nuestra capacidad para producir y generar trabajo; y los problemas de las nuevas generaciones, en la responsabilidad que tenemos como sociedad de acompañarlas. Y la solidaridad, finalmente, nos recuerda que ningún futuro puede construirse si dejamos a los demás al costado del camino.
Mientras el viento sur nos devuelve este fin de semana un poco de ese frío que parecía haberse perdido después de tantos días casi primaverales, quizás sea un buen momento para mirar hacia atrás sin quedarnos en el pasado, reconocer lo que somos sin conformarnos con el presente y pensar en el futuro sin perder de vista aquello que nos identifica. Porque una ciudad, un país y una comunidad se construyen justamente de esa manera: recordando de dónde vienen, cuidando lo que tienen y trabajando para que quienes vienen detrás encuentren un lugar un poco mejor que el que nosotros recibimos.
Que tengamos una bendecida semana.
AL QUE LE QUEPA EL SAYO…











