Lluvias torrenciales, desbordes de ríos y picos de temperatura crean un escenario crítico para la salud. Qué dicen los expertos.

El fenómeno de El Niño avanza con fuerza sobre América Latina y, según los pronósticos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), tiene más de un 90% de probabilidad de alcanzar una intensidad “muy fuerte” entre finales de 2026 e inicios de 2027. Las consecuencias no se limitan al clima: las lluvias extremas, las inundaciones y las sequías que trae este fenómeno crean el escenario perfecto para que una serie de enfermedades infecciosas circulen con mayor frecuencia entre la población.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicó un informe de inteligencia sanitaria en la Revista Panamericana de Salud Pública y un primer Reporte de Situación regional en el que identificó siete grandes riesgos para la salud pública asociados a este episodio climático.
Desde el dengue hasta el cólera, desde la leptospirosis hasta el sarampión, las amenazas son múltiples y simultáneas. En Argentina, donde el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó El Niño activo con una probabilidad cercana al 100% de que persista durante el verano 2026-2027, especialistas en infectología y epidemiología ya alertaron sobre las enfermedades que podrían multiplicarse en los próximos meses.
Las inundaciones traen consigo hepatitis A, gastroenteritis y leptospirosis
El agua es el gran conductor de enfermedades durante un evento de El Niño. Cuando las lluvias exceden la capacidad de drenaje y los ríos se desbordan, el agua potable se contamina, los sistemas de saneamiento colapsan y las condiciones ideales para los patógenos se instalan en comunidades enteras.
La doctora Elena Obieta, directora de Epidemiología del Municipio de San Isidro, detalló en diálogo con Infobae cuáles son las infecciones que aparecen primero tras una inundación: “Con inundaciones aparecen las enfermedades vinculadas al agua y esto es hepatitis A, gastroenteritis de todo tipo, diarreas, y la leptospirosis”. Esta última es una enfermedad bacteriana que se transmite por el contacto con agua o barro contaminados con orina de animales infectados, en especial roedores.
El médico infectólogo Ricardo Teijeiro coincidió en el diagnóstico. En sus declaraciones a Infobae, enumeró: “Gastroenteritis bacterianas, virales, los parásitos, muchas de ellas transmitidas por el agua misma. La hepatitis A es muy frecuente en la época de inundaciones”. El experto agregó que la acumulación de basura durante las crecidas favorece la aparición de roedores y, con ellos, enfermedades como el hantavirus, una infección viral grave transmitida por el contacto con las heces, la orina o la saliva de ratones silvestres.
El informe de la OPS confirmó esta preocupación a escala regional: las enfermedades transmitidas por el agua, incluidos el cólera y otras infecciones intestinales, figuran entre los siete riesgos prioritarios identificados para el episodio 2026-2027. El documento advirtió que “las temperaturas oceánicas y atmosféricas excepcionalmente cálidas pueden amplificar o modificar las anomalías climáticas previstas, incluidas las sequías y las inundaciones, y sus impactos asociados en la salud pública”.
El dengue, la chikungunya y otras enfermedades por mosquitos podrían expandirse
El segundo gran grupo de enfermedades que el fenómeno climático potencia es el de las infecciones transmitidas por mosquitos. El calor, la humedad y el agua estancada, ya sea por lluvias excesivas o por almacenamiento doméstico en zonas de sequía, multiplican los criaderos del Aedes aegypti, el mosquito vector del dengue y la chikungunya.
Obieta fue enfática: “La gente podría vacunarse contra el dengue, por lo menos en la provincia de Buenos Aires, en forma gratuita entre los 15 y los 59 años”. Denunció, además, que a pesar de las jornadas de descacharrado (operativos en los que se retiran objetos que acumulan agua en los barrios), los equipos municipales siguen detectando larvas y criaderos en cada recorrida.
El Reporte de Situación de la OPS incluyó un dato que ilustra la magnitud del riesgo: durante episodios anteriores de El Niño, la región enfrentó la epidemia de Zika y chikungunya en 2015-2016 y niveles récord de transmisión de dengue en 2023 y 2024, con más de 5,2 millones de casos adicionales hasta abril de 2024.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) reforzó la alerta. Teresa Zakaria, jefa de la Unidad de Reducción de Riesgos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afirmó: “El Niño es una amenaza significativa para la salud pública, no solo un fenómeno climático. Es un multiplicador de riesgos”. La institución precisó que las temperaturas más cálidas y los cambios en los patrones de lluvia pueden propagar enfermedades como la malaria, la fiebre amarilla y el Zika hacia zonas donde antes no circulaban, incluidas regiones de mayor altitud.
Esto ocurre porque los mosquitos que transmiten esas enfermedades necesitan calor y humedad para reproducirse: cuando la temperatura sube en zonas que antes eran frías o secas, el insecto encuentra condiciones aptas para sobrevivir y multiplicarse, y con él se desplaza el virus o el parásito que porta.
Serpientes, alacranes y roedores también se desplazan con las inundaciones
Las crecidas no solo arrastran agua contaminada: también desplazan animales silvestres hacia zonas urbanas. Obieta dedicó parte de su análisis a este riesgo, que muchas veces queda fuera del foco sanitario. La especialista explicó que, ante la presencia de una serpiente en el domicilio, la persona no debe intentar capturarla, sino llamar de inmediato a la dirección de vectores o de zoonosis (el área sanitaria que se ocupa de las enfermedades transmitidas entre animales y humanos) de su municipio. Si es una serpiente ponzoñosa, se lleva al ANLIS Malbrán para extraerle material para suero antiofídico, precisó.
Con los alacranes, la recomendación es distinta. Obieta indicó que los más peligrosos son los pequeños y marrones, y que conviene inmovilizarlos con un frasco sin aplastarlos, para luego entregarlos al equipo de vectores, que se encarga de identificar la especie. Ante una picadura de alacrán o una mordedura de serpiente de especie desconocida, la directora de Epidemiología fue categórica: “No aplicar torniquetes, no chupar la herida, sino consultar de manera inmediata”. Cada centro de salud debe contactar a los centros de toxicología para definir si corresponde aplicar suero o antídoto.
La epidemióloga también recordó la importancia de tener los animales de compañía vacunados y con chapitas identificatorias, y de contar con botas de caña alta si la persona necesita caminar por zonas anegadas, como medida para evitar heridas cortantes y el contacto directo con agua contaminada.
Vacunas incompletas y poblaciones vulnerables, la combinación más riesgosa
Más allá de las infecciones por agua o mosquitos, el fenómeno climático también amenaza con el regreso de enfermedades que ya cuentan con vacunas eficaces pero cuya cobertura es insuficiente. Obieta advirtió que Argentina atraviesa una baja cobertura de vacunación: “Estamos con una baja cobertura de vacuna para polio, el refuerzo que necesitan los chicos a los cinco años, vacuna antisarampionosa”. También mencionó la necesidad de completar esquemas en embarazadas (con las cuatro vacunas que deben recibir durante cada gestación: gripe, COVID, triple bacteriana acelular y virus sincicial respiratorio) y en adultos mayores, con gripe y neumonía.
El riesgo se agrava porque las emergencias climáticas pueden obligar a la población a concentrarse en centros de evacuados, donde el hacinamiento facilita el contagio de enfermedades respiratorias. En ese contexto, Obieta subrayó que resulta imprescindible tener a los grupos más vulnerables (niños, embarazadas, adultos mayores, diabéticos y personas con enfermedades crónicas) vacunados de forma adecuada contra gripe, neumococo y COVID.
El informe de la OPS coincidió con esta preocupación y advirtió que las lluvias extremas pueden interrumpir las cadenas de vacunación, lo que abre la puerta al regreso del sarampión en zonas donde la inmunización ya presenta brechas. El documento también alertó sobre un posible resurgimiento de la chikungunya en países donde el virus no circuló durante años y la población pudo perder parte de su inmunidad.
Teijeiro cerró su análisis con un llamado directo: “Hay que tener muy en cuenta la educación de estas poblaciones para prevenir estas enfermedades. Tanto como el consumo de agua, que sea potable, como el cuidado de los alimentos, la higiene de las verduras”.
Según el primer Reporte de Situación de la OPS, más de 5,2 millones de personas en la región ya se encuentran afectadas, expuestas o en situación de inseguridad alimentaria aguda, una cifra que podría crecer si los países no activan sus planes de contingencia antes de que el fenómeno alcance su pico en los próximos meses.
Por Camila Caruso (Infobae)











