Por Daniel A. Vogel – Este domingo, vamos a las elecciones intermedias, legislativas, a las que nos llevan obligados.
A votar vaya uno a saber para qué, pero, tenemos que ir.
Mientras tanto hemos pasado por la más hipócrita de las cuestiones que nos depara la democracia.
Sí, la de levantar chicos moquientos, con pañales sucios, o acariciar viejitos con olores, a orín, entre otras cosas.
Sentarse en cualquier lado en casas que no tienen sillas, y tomar mate de “cualquiera”.
Regalando o timbreando, no importa, lo que importa es parecer bueno, tierno, comprensivo y como el que tiene la solución a todos los problemas que nos cambiarán la vida.
Claro, todo acompañado de una boleta y del “votame” que yo sé cómo hacer para que vivas mejor.
Y, son siempre los mismos… Y siempre la misma perorata, mientras cada vez hay más políticos y éstos, cada vez más ricos, del otro lado del mostrador, se encuentran los que cada vez tienen menos y son más.
Pero ya la gente come nada, pero no vidrio.
No cree más, fíjese la encuesta de esta semana. Igual, votemos y sepamos hacerlo bien.
AL QUE LE QUEPA EL SAYO…






