La cifra equivale al 12,2% de los empleados en Argentina, de acuerdo con datos del INDEC. Es una estrategia tanto de subsistencia, en el caso de los niveles más bajos, como para mejorar la calidad de vida en los niveles altos. 

El mercado laboral argentino cerró 2025 con una señal clara: el pluriempleo dejó de ser un fenómeno marginal para consolidarse como una estrategia extendida. Según los datos del cuarto trimestre de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, 1,6 millones de personas tienen más de un empleo, lo que equivale al 12,2% del total de ocupados. Se trata de uno de los niveles más altos de toda la serie y confirma una tendencia creciente que se viene acentuando en los últimos años.

En 2016, como afirman los datos relevados por la Fundación Encuentro a los que tuvo acceso Agencia DIB, el pluriempleo alcanzaba al 8,8% de los trabajadores; en 2025, esa proporción trepó al 12,2%, con una aceleración marcada desde 2022.

Incluso la caída coyuntural de 2020, en plena pandemia, no alteró la tendencia de fondo. El indicador no solo se recuperó, sino que llegó a un máximo histórico en 2024 (12,4%) y se mantuvo en niveles elevados al año siguiente.

Detrás de estos números hay un cambio estructural: cada vez más trabajadores no logran sostener sus ingresos con un solo empleo o, directamente, optan por combinar ocupaciones para mantener o mejorar su nivel de vida.

Perfiles

El perfil del pluriempleo muestra rasgos definidos, pero también una fuerte heterogeneidad. En términos de género, las mujeres son mayoría: representan el 56,6% del total y además tienen una mayor propensión a tener más de un trabajo. Mientras el 15,5% de las mujeres ocupadas es pluriempleada, entre los varones la tasa baja al 9,5%.

Esta diferencia se vincula con la estructura de las ocupaciones: el trabajo en casas particulares —altamente feminizado y caracterizado por ingresos bajos y jornadas fragmentadas— aparece como el principal núcleo del fenómeno.

Edades e intensidad

Lejos de concentrarse en los más jóvenes, el pluriempleo se ubica sobre todo en las edades centrales. Casi 9 de cada 10 trabajadores con más de un empleo tienen entre 30 y 65 años, lo que indica que no se trata de un fenómeno asociado a trayectorias laborales iniciales, sino a etapas de plena inserción. En estos grupos, la necesidad —o la posibilidad— de acumular ingresos se vuelve más relevante.

En cuanto a la intensidad, el esquema predominante es el de dos trabajos: el 83% de los pluriempleados se organiza bajo esta modalidad. Un 10,5% tiene tres empleos y solo una fracción menor alcanza niveles más extremos. En la mayoría de los casos, entonces, se trata de una estrategia de complementación de ingresos más que de una fragmentación total de la trayectoria laboral.

Segmentos

La distribución ocupacional confirma que el fenómeno atraviesa distintos segmentos del mercado. El servicio doméstico, como se dice más arriba, es la ocupación individual más frecuente (13%), seguido por el conjunto de tareas administrativas y contables (18,6%). También tienen peso las ventas y el comercio (9,6%), las profesiones —especialmente en salud y educación— (10,2%) y las ocupaciones técnicas (5,8%). Esta diversidad muestra que el pluriempleo no se limita a sectores precarios: también se extiende a actividades calificadas, donde puede responder a una lógica de intensificación del trabajo.

En términos de ingresos, quienes tienen más de un empleo perciben, en promedio, un 13% más que quienes tienen uno solo, y una mediana un 33% superior. Sin embargo, esta diferencia no implica necesariamente mejores condiciones laborales, sino que refleja la acumulación de múltiples fuentes de ingreso. La distribución revela, además, una dinámica “a dos puntas”: el pluriempleo está presente tanto en los deciles más bajos —como estrategia de subsistencia— como en los más altos, donde aparece asociado a la ampliación del ingreso.

El vínculo con el hogar refuerza esta lectura. Más de 6 de cada 10 pluriempleados son jefes o jefas de hogar, lo que indica que estos ingresos no son complementarios sino centrales para la economía familiar. A su vez, el fenómeno también involucra a otros miembros del hogar, como parejas y familiares, lo que sugiere estrategias económicas compartidas frente a las restricciones de ingresos.

Concentración territorial

Desde el punto de vista territorial, la concentración es clara, ya que el 54,6% de los pluriempleados residen en el Gran Buenos Aires. Allí confluyen tanto la mayor densidad de oportunidades laborales como las condiciones que empujan a diversificar fuentes de ingreso. En paralelo, la mayoría de los pluriempleados trabaja en establecimientos fijos (75,8%), aunque una porción relevante lo hace en domicilios o en modalidades itinerantes, reflejando la coexistencia de distintos tipos de inserción.

Finalmente, el panorama en términos de protección social es desigual. Si bien el 64,8% realiza aportes jubilatorios, más de un tercio no cuenta con ellos, lo que evidencia trayectorias laborales fragmentadas donde conviven empleos formales e informales.

Conclusiones

En las conclusiones del trabajo, Fundación Encuentro destacó que “lejos de ser un fenómeno marginal, involucra a 1,6 millones de trabajadores/as y se extiende a lo largo de distintos segmentos ocupacionales, territoriales y de ingresos. Su crecimiento no puede interpretarse como una mejora en la inserción laboral sino, al contrario, por la erosión de los ingresos”.

“Si bien quienes tienen más de un empleo registran mayores ingresos promedio y medianos, esta diferencia se explica fundamentalmente por la acumulación de trabajos y no por mejores condiciones de empleo. En este sentido, el pluriempleo expresa un proceso de intensificación del trabajo más que de mejora en su calidad”, sinceraron.

“Más que una anomalía, el pluriempleo aparece como una respuesta cada vez más extendida frente a un mercado laboral que no garantiza, por sí solo, niveles de ingreso suficientes ni condiciones homogéneas de protección”, cierran desde Fundación Encuentro.