Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Buen domingo para todos. Hay semanas en las que parece que todo corre al mismo tiempo. Corren las noticias, corren los acontecimientos, corre el agua de los ríos, corren los deportistas detrás de una medalla y también corre el calendario que, casi sin pedir permiso, nos lleva de una estación a otra. Esta semana tuvo un poco de todo eso, aunque hubo un tema que volvió a poner a la Argentina en el centro de una discusión que muchos creíamos reservada a la historia.

La bandera de Malvinas que apareció en los festejos de la Selección Argentina después de eliminar a Inglaterra en el Mundial volvió a poner sobre la mesa una cuestión que nunca desapareció de nuestra memoria. Y pocos días después, el presidente Javier Milei volvió a colocar el reclamo de soberanía en el centro de su discurso político por Cadena Nacional.

La pregunta que muchos se hacen es inevitable: ¿estamos ante una nueva escalada que podría llevarnos nuevamente a un escenario bélico con Gran Bretaña? Hoy, con los elementos disponibles, hay que diferenciar la tensión política, diplomática y económica de una situación concreta de guerra. La Argentina sostiene oficialmente que busca recuperar las islas por la vía diplomática, mientras el Reino Unido mantiene su posición sobre las Islas y rechaza la jurisdicción argentina sobre las actividades que se desarrollan allí. Al mismo tiempo, la cuestión comenzó a tener nuevas repercusiones internacionales: el embajador chino en Argentina expresó públicamente el respaldo de Beijing al reclamo argentino, y los EE. UU., en la persona de Trump, lo están reconsiderando; recordemos que fueron vitales participantes en la guerra de 1982. Mientras que, en junio, los países del Mercosur y Estados asociados, entre ellos Brasil, Uruguay y Chile, habían reiterado su respaldo a los derechos argentinos sobre la disputa de soberanía.

Y acá aparece un dato que no es menor. En 1982, Chile tuvo una posición favorable a Gran Bretaña durante la guerra. Hoy el escenario regional es diferente y los gobiernos de Brasil, Uruguay y Chile aparecen formalmente alineados con el reclamo argentino en los documentos del Mercosur. Eso no significa que América del Sur esté preparándose para una guerra, aunque Argentina compra aviones, helicópteros, barcos, etc., e Inglaterra anuncia nueva tecnología bélica para cuidar el territorio que usurpa.

Mientras soplan estos vientos de tensión, en Santa Fe se está desarrollando una batalla de naturaleza completamente diferente: la deportiva. Más de 4.000 atletas de 15 países participan de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, que reúnen 57 disciplinas y se extenderán hasta el 26 de septiembre. Argentina se encuentra entre las delegaciones protagonistas del medallero, aunque la clasificación cambia jornada tras jornada.

Pero detrás de las medallas volvió a aparecer una discusión que merece ser escuchada. La tiradora Fernanda Russo, después de conseguir una medalla de oro, reclamó públicamente mayores recursos para los deportistas, mientras otros atletas argentinos contaron las dificultades que tienen para sostener sus carreras e incluso la necesidad de mantener otros trabajos para poder competir. En el ámbito local, lo hizo el profesor Guillermo Güeci, formador y entrenador de los dos remeros zarateños que participan. El Estado nacional mantiene programas de becas y apoyos para el alto rendimiento, pero los propios deportistas volvieron a plantear que esos recursos no alcanzan para sostener una carrera internacional durante todo el año.

Y hablando de deportes, todos estamos comenzando a mirar hacia el 6 de octubre, que ya tiene nombre propio: será la despedida de Lionel Messi de la Selección Argentina en el estadio Monumental, en un partido frente a Benín. Messi anunció el 31 de agosto que dejaba el seleccionado después de más de dos décadas y luego la AFA confirmó la convocatoria para ese último homenaje.

Pero hay algo más detrás de esa despedida. Porque cuando Messi deje definitivamente la celeste y blanca no solamente estaremos viendo el final de la carrera internacional de uno de los futbolistas más importantes de nuestra historia; estaremos viendo, con lágrimas en los ojos, cómo se cierra una generación. Y ahí aparece el otro Lionel: Scaloni, el técnico que acompañó desde el banco buena parte de esta etapa extraordinaria. Uno dentro de la cancha, el otro desde el banco. Messi y Scaloni. Los Lioneles. ¿Será también el final de una era para ambos? Eso solamente lo dirá el tiempo, pero es una pregunta que inevitablemente empieza a aparecer.

Y mientras hablamos de estos temas, el calendario vuelve a hacer su trabajo. Hoy despedimos el invierno y mañana se inicia la primavera. No será necesariamente una primavera de temperaturas agradables desde el primer día, porque el tiempo todavía puede mostrarnos vientos y algunos días frescos, pero la estación comienza a cambiar y con ella cambia también el paisaje de nuestra región.

El agua, justamente, vuelve a aparecer en el centro de la escena. En las Cataratas del Iguazú se registró un caudal extraordinario y el circuito de la Garganta del Diablo permanece inhabilitado preventivamente por el aumento del nivel del río en Brasil. Del lado argentino, las pasarelas de ese sector ya habían sido retiradas en agosto para preservar la infraestructura y garantizar la seguridad de los visitantes.

Y ese mismo clima está siendo observado con atención aquí, donde para este lunes 21 está prevista la Fiesta del Estudiante en el mirador de nuestra costanera. La celebración, tan esperada cada año por nuestros jóvenes, dependerá finalmente de las condiciones meteorológicas y existe la posibilidad de que deba ser reprogramada si el tiempo no acompaña.

Pero si hablamos de agua, inevitablemente tenemos que hablar de nuestra costanera. Allí el agua corre frente a una discusión que todavía no encuentra una solución definitiva. Por un lado, está el deseo de muchos vecinos de preservar ese paseo público que forma parte de la identidad de Zárate; por otro, están las decisiones judiciales que ordenan al Municipio restituir 29 predios a sus titulares y la posición del Ejecutivo municipal, que sostiene que las sentencias firmes deben cumplirse para no incurrir en desobediencia a la Justicia.

También aparecieron cuestionamientos y sospechas de quienes entienden que detrás de la restitución podría existir un negocio encubierto, mientras desde el Gobierno municipal se insiste en que, frente a una sentencia firme, la obligación es cumplirla. Son posiciones diferentes que forman parte de un debate que recién comienza porque, en la costanera que mira al río, todavía correrá mucha agua debajo del puente antes de saber cómo terminará esta historia. Ojalá, finalmente, la solución sea la mejor para todos y, fundamentalmente, para Zárate.

Que tengamos una bendecida semana.

AL QUE LE QUEPA EL SAYO…