Por Eduardo Rivas – Cuando comentamos el caso de Liliana Álvarez (https://principedelmanicomio.wordpress.com/2020/10/15/el-evento-sisa-2352810/), nos preguntábamos si ‘¿La Secretaría de Salud controló esto? ¿La Secretaría de Salud controló algo?’ en relación a las denuncias que, off the record, hacen sus colegas respecto al comportamiento que tuvieron las autoridades de la Clínica del Carmen para lograr que Liliana volviera a trabajar.
Esta consulta se fundamenta en que, de acuerdo a la comunicación que ha realizado el Municipio, la autoridad sanitaria es la Secretaria de Salud, y debiera ser quien vela por el estado de la salud local, y las prestaciones que se realizan en el Distrito.
Y eran dos las cuestiones centrales en las que hacíamos foco, por un lado el por qué estaba trabajando Liliana y en qué condiciones había regresado a sus labores, y por otro la realidad surgida en torno a la tipificación de su caso en el SISA y el proceder en consecuencia.
Pero lo curioso es que como suele pasar, cada vez que escribimos un artículo pareciera que empezáramos a tirar de un hilito y hay un ovillo que se va desovillando porque comienzan a suceder las denuncias similares, pareciera que la nota sirve de disparador para que otras personas que pasan por situaciones similares se animen a hablar y a exponer su realidad.
Esto fue lo que pasó a partir de exponer que, según afirman sus colegas, Liliana debió volver a trabajar pese a ser considerada grupo de riesgo de acuerdo a la Resolución 627/2020 del Ministerio de Salud de la Nación (https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/227068/202003209).
Esto nos hizo ver que, como dijera Cervantes en El Quijote, ‘En todas casas cuecen habas; y en la mía, a calderadas’, remarcando que hay problemas o disgustos en todas partes y circunstancias, y que en nuestro ámbito los problemas son aún mayores, y es lo que pareciera ocurrir en este caso, puesto que si quien debe velar por el cumplimiento de las reglas, se encarga de contravenirlas, estamos en un problema mayúsculo.
Según supimos como el caso de Liliana, en cuanto a ser ‘obligada’ a trabajar pese a estar exenta de hacerlo, no es el único caso que ocurrió en Zárate. Incluso al igual que en dicho caso, hasta se le habrían descontado a los involucrados los días no trabajados por estar aislados.
La denuncia que hemos recibido es que la propia Secretaría de Salud obligó a trabajar a personas que se contaban entre quienes debían ser considerados exceptuados de tal responsabilidad, puntualmente que el evento 3273364 corresponde a una enfermera del Hospital Intermedio Municipal Dr. René Favaloro con enfermedades preexistentes consideradas de riesgo, que sin embargo sigue cumpliendo tareas… y aunque su hisopado inicialmente diera negativo, finalmente un segundo análisis confirmó el diagnóstico. La enfermera tiene COVID-19, y aun teniendo causas que ameritan que no trabaje, estaba trabajando.
¿Por qué lo hace la enfermera? Porque si no trabaja, no cobra. ¿Por qué lo hacen las autoridades del nosocomio? Sería bueno saberlo.
Pero no termina todo allí. En el mismo hospital hay casos de trabajadores que habiéndose amparado en la legislación vigente para no asistir a trabajar fueron notificados por el Director General de Asuntos Jurídicos y Legales de la Secretaría de Salud de la Municipalidad de Zárate, quien ya sancionó trabajadores, forma curiosa de cuidarse y cuidar al otro. Aunque no fue el Director el único, a otros trabajadores del Hospital Municipal las notificaciones le llegaron directamente desde la Dirección de Recursos Humanos del Municipio, y en ellas se los intimaba para que se presentaran a trabajar. Curiosamente, para la misma época, la propia Secretaria de Salud gozaba de licencia mientras los trabajadores de la salud debían exponerse a posibles contagios…
Como cantaba Luis Eduardo Aute, ‘Quien pone reglas al juego, se engaña si dice que es jugador, lo que le mueve es el miedo, de que se sepa que nunca jugó.’, y es necesario que quien pone las reglas del juego deje de jugar y las haga cumplir.





