En el Día Mundial de la Juventud, Zárate muestra sus contrastes: mientras preocupan las conductas violentas de algunos grupos en la noche y el impacto de las redes sociales en la salud mental, cientos de jóvenes brillan en el deporte, la música en todos sus géneros, el tango y el folclore, la escritura, el teatro, el cine, la pintura y otras experiencias culturales que fortalecen la identidad y el orgullo colectivo.

En Zárate, como en toda la Argentina, el Día Mundial de la Juventud invita a poner la lupa sobre los desafíos que atraviesan las nuevas generaciones. Uno de los más urgentes es el efecto que el uso excesivo de redes sociales tiene sobre el bienestar emocional y psicológico de adolescentes y jóvenes. Un relevamiento reciente indica que casi la mitad de los jóvenes argentinos —46%— se siente abrumada por las redes, y que el 72% califica su nivel de estrés como malo.
“Durante la adolescencia, el cerebro atraviesa una etapa crítica de desarrollo. Las regiones que regulan las emociones, la toma de decisiones y la búsqueda de aceptación social aún no están maduras. En ese contexto, el uso intensivo de redes puede alterar de forma significativa el bienestar”, explicó a EL DEBATE la médica Valeria El Haj, directora médica nacional de OSPEDYC.
La especialista advirtió sobre la comparación constante con imágenes idealizadas, la búsqueda de validación a través de “me gusta” y comentarios, y la dependencia emocional que generan estas interacciones. Entre los efectos: ansiedad, baja autoestima, síntomas depresivos y, en casos extremos, trastornos alimentarios.
En nuestra ciudad, la realidad juvenil es compleja y muestra sus contrastes. Mientras un sector se hace notar por hechos de violencia nocturna que preocupan a la comunidad, otro enorme grupo de jóvenes encuentra en el deporte y la cultura un motivo de orgullo colectivo. Miles son absorbidos por clubes y escuelas que, como en el remo, cosechan medallas nacionales e internacionales, y que también brillan en el fútbol, el tenis, el básquet o la natación.
A la par, centenares de chicos se destacan en la música —en todos sus géneros—, en grupos de baile que mantienen vivo el tango y el folclore, en la escritura, el teatro, el cine, la pintura y otras experiencias culturales que fortalecen la identidad zarateña y tienden puentes con el mundo. En ellos, la cultura del esfuerzo, la disciplina y la creatividad se transforma en un camino de pertenencia, expresión y crecimiento personal.
A la vez, en Zárate, docentes, orientadores y familias observan el impacto de la sobreexposición digital: jóvenes que permanecen conectados hasta la madrugada, con el descanso alterado por la luz de las pantallas y la sobreestimulación constante. “Esto se traduce en irritabilidad, fatiga y menor concentración durante el día”, apuntó El Haj.
Pese a estar “hiperconectada”, buena parte de esta generación admite sentirse sola. Las interacciones virtuales, muchas veces superficiales, reemplazan encuentros reales, empobrecen habilidades sociales y profundizan el aislamiento. A esto se suma la exposición a contenidos violentos, estereotipos y desinformación, que distorsionan la percepción del mundo y pueden alentar conductas de riesgo.
Promover un uso consciente y limitado de redes, fomentar el pensamiento crítico sobre los contenidos consumidos, generar espacios de diálogo en familia o en instituciones y consultar con un profesional ante signos de alerta, son claves para proteger el bienestar y la salud mental de las y los jóvenes.





















