Por Daniel A. Vogel | DIRECTOR – Queremos hoy detenernos en este espacio para destacar algunas frases que surgieron producto del encuentro sobre “La protección de los menores en la Iglesia” que fue convocado por Francisco desde el 21 al 24 de febrero 2019 en el Vaticano, para los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo.
Oportunamente en este espacio hemos señalado aquello que antes era muy evidente, se trataba de “apartar y cubrir” a los curas y religiosos pecadores, esos delincuentes que abusaron durante años a menores. Entonces cuestionamos en la visita del Papa a Chile de que parecía que había una manto de complicidad “santa” que con un “simple perdón papal” y sin justicia humana listo, reclamábamos cárcel para estos depravados”.
Basta con ver lo que dijo el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y Obispo de San Isidro Monseñor Oscar Ojea manifestó: “Personalmente tengo una expectativa muy grande porque en la medida que la Iglesia pueda ahondar en las consecuencias de este drama y encontrar los medios efectivos para combatirlo, ayudaríamos enormemente, no so-lamente a las víctimas de abusos cometidos por clérigos y a la Iglesia, sino también, a toda la sociedad que está envuelta en este flagelo”, mientras tiene a 15 kilómetros de esta ciudad Zárate a un tal GRASSI, pervertido y protegido cura pedófilo que siguen invocando a Dios y dando misa.
Frases de Francisco al cierre de este encuentro: “deseo reiterar ahora que «la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso»
Otra: “Ningún abuso debe ser jamás encubierto ni infravalorado (como ha sido costumbre en el pasado), porque el encubrimiento de los abusos favorece que se extienda el mal y añade un nivel adicional de escándalo. De modo particular, desarrollar un nuevo y eficaz planteamiento para la prevención en todas las instituciones y ambientes de actividad eclesial”.
El santo temor de Dios nos lleva a acusarnos a nosotros mismos —como personas y como institución— y a reparar nuestras faltas. Acusarnos a nosotros mismos: es un inicio sapiencial, unido al santo temor de Dios…”
¿Será cierto? ¿Lo veremos?
AL QUE LE QUEPA EL SAYO...






