El humo de los fuegos en zonas cercanas a CABA contamina la atmósfera y causa problemas sanitarios en la población. Sin embargo, en esos días brumosos, los reportes de calidad del aire podrían llegar a indicar ‘bueno’ o ‘muy bueno’. ¿Cuál es la razón?

La contaminación del aire es un problema sanitario preocupante en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), ya que afecta tanto a las personas como a los ecosistemas. Un caso particular de contaminación es la que produce el humo de los incendios que ocurren en áreas de pastizal relativamente cercanas. Impulsado por el viento, el humo llega a la ciudad y afecta la salud de las personas. Usando datos de múltiples fuentes, un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) halló una relación estrecha entre los incendios, la dirección del viento y los picos de partículas de humo en el aire de la ciudad. ¿Por qué los reportes de calidad de aire en esos días pueden llegar a indicar ‘buena’ o ‘muy buena’?

“En la Ciudad de Buenos Aires se mide a diario el nivel de varios contaminantes del aire que, según la OMS, representan un riesgo para la salud de los seres vivos. Uno de ellos es el material particulado en suspensión, que aunque es microscópico, en altas concentraciones se hace visible. Esto sucede cuando, por ejemplo, hay humo de incendios en la región”, explicó Leonardo Serio, docente de Climatología y Fenología Agrícolas (FAUBA).

Imagen satelital de la región del Delta del Río de la Plata, de fecha 5 de agosto de 2020, en la que se señalan con puntos rojos los focos de incendios cuyo humo cubrió la Ciudad de Buenos Aires

En este sentido, Serio remarcó que, en los últimos años, durante ciertos días, la ciudad se vio literalmente cubierta por un manto de humo proveniente de fuegos en pastizales del Delta del Paraná y de zonas aledañas a la Capital Federal. Eso, sumado a la persistencia de vientos desde esas regiones, aumentó los niveles de contaminación atmosférica, sobre todo con material particulado.

“Para comprender mejor este problema, realizamos un estudio en base a datos registrados en las tres estaciones de monitoreo de nuestra ciudad, a información satelital de los incendios y a registros meteorológicos. Además, examinamos noticias periodísticas que informaban la presencia de humo en las fechas de ocurrencia de los focos”, dijo Florencia Aversa, reciente egresada de la Licenciatura en Ciencias Ambientales de la FAUBA bajo la dirección de Serio en su trabajo de tesis.

Aire bueno, pero no tanto

Los resultados de la tesis de Aversa revelaron que en las fechas de las noticias periodísticas analizadas, las altas concentraciones puntuales de material particulado registradas en la Ciudad de Buenos Aires coincidieron con la presencia de humo y con vientos predominantes desde los sitios donde tenían lugar los incendios. El análisis se enfocó en tres estudios de caso: un incendio en Punta Lara en 2017 y otros dos en el Delta del Paraná en 2019 y 2020.

En tres de las fechas que estudió Aversa, diversos medios periodísticos reflejaron en sus portales la presencia de humo en la Ciudad de Buenos Aires

“En todas las situaciones, los picos de material particulado superaron el nivel máximo que establece la OMS, que es 50 microgramos por m3 de aire. Sin embargo, los valores de los picos estuvieron muy por debajo del límite máximo que establece la Agencia de Protección Ambiental del GCBA, que es tres veces mayor: 150 microgramos por m3”, señaló Florencia.

En esta misma línea, Serio puntualizó que si bien la calidad del aire en CABA a menudo se informa como ‘buena’ o ‘muy buena’, tales calificaciones surgen de los estándares legales vigentes, que son menos estrictos que las recomendaciones de la OMS. “Es necesario establecer medidas más restrictivas para la ciudad y mejorar la gestión de los problemas sanitarios relacionados con esta problemática, en especial para las personas con afecciones respiratorias o cardíacas”, remarcó.

La salud, entre brumas

Según Aversa, los efectos más preocupantes de la contaminación del aire se observan en la salud humana. “Las personas más susceptibles a sus efectos son los niños y los ancianos, sobre todo si poseen enfermedades preexistentes. El material particulado más pequeño puede penetrar profundo en los pulmones y causar problemas respiratorios y cardiovasculares. Además, si se combina con otros contaminantes, estos efectos pueden resultar aun más graves”.

Florencia también se refirió a un aspecto quizás menos grave, pero igualmente relevante: los impactos sobre los ecosistemas. “El material particulado tiene consecuencias negativas al provocar que se acidifiquen y eutroficen los cuerpos de agua. Incluso, se puede acumular en las plantas, llegando a interferir en el proceso de fotosíntesis. La gravedad de estos problemas dependerá de cuánto dure y cuán intensa sea la exposición a las partículas contaminantes”, sostuvo Florencia.

Controlar el fuego

La Agencia de Protección Ambiental de CABA monitorea la calidad del aire en varios puntos de la ciudad

Entre las implicancias del estudio, Leonardo Serio hizo hincapié en la importancia de controlar los incendios de pastizales y de implementar medidas de alerta para la población más sensible a la contaminación del aire. “En este sentido, en 2021, la Agencia de Protección Ambiental de la ciudad dio un paso positivo con una nueva resolución que busca acercar gradualmente los límites de contaminación a los estándares que establece la OMS”.

“Mientras tanto, y en ausencia de controles o de alarmas que garanticen un ambiente más saludable para los habitantes de CABA, una buena medida podría ser volver a usar barbijos cada vez que haya humo en la atmósfera. Ahora, tras años de pandemia, no estaría mal visto”, concluyó.

POR: PABLO ROSET (SLT-FAUBA)