Escaparon de forestaciones abandonadas y avanzan sin control sobre ecosistemas nativos. Un estudio de la FAUBA mostró que el polen estimula el crecimiento de los árboles jóvenes hasta un 50%. Refuerzan la necesidad de coordinar acciones de control y restauración.

Fotos: gentileza L. Pérez y D. Sánchez

Al recorrer las rutas de la Patagonia disfrutamos de sus paisajes, que incluyen, además de lagos y montañas, extensos bosques nativos. Sin embargo, los pinos —árboles exóticos con alta capacidad para invadir ecosistemas— ya cubren más de 100 mil hectáreas y sus semillas se dispersan cada vez más. ¿Por qué son tan exitosos en la invasión? Un trabajo de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) encontró que su propio polen, al caer al suelo, hace de fertilizante y promueve su crecimiento hasta en un 50%. Buscan entender mejor la invasión para proteger la biodiversidad de la región.

“Los árboles nativos como el ñire y el ciprés de la cordillera son parte del paisaje en la zona de la Patagonia donde trabajamos. Pero en muchas áreas también se ven pinos, especies exóticas que se introdujeron en el siglo pasado para impulsar la producción forestal”, dijo Luis Pérez, docente de Ecología en la FAUBA e investigador del CONICET.

Las semillas no conocen de alambrados: Los pinos provienen del hemisferio norte y se expanden sin control

“Mientras duraron los incentivos, las plantaciones se manejaban correctamente y los pinos tenían menos años para producir y liberar semillas. Al terminar el apoyo, es abandonaron muchas plantaciones, y los pinos adultos —sobre todo, de Pinus contorta, que produce muchísimas semillas— comenzaron a invadir ambientes vecinos”, afirmó Luis.

La consecuencia de esto es que hoy en día, más de 100 mil hectáreas de la región están cubiertas con P. contorta y otras especies de pino. En localidades como Bariloche o Dina Huapi, estos invasores ya ocupan la misma superficie que las plantaciones abandonadas.

Conos masculinos antes y después de liberar polen. Pueden liberar hasta una tonelada por hectárea

¿Qué hace a estos pinos invasores tan exitosos? Con la pregunta en mente, Pérez se enfocó en un factor poco explorado: los efectos de su propio polen. “Los pinares pueden producir hasta una tonelada por hectárea. Sabíamos que era rico en nitrógeno, fósforo y potasio, pero no teníamos claro si ese aporte de nutrientes favorecía su crecimiento”.

“Para averiguarlo, junto con Jaime Moyano del INIBIOMA realizamos en la FAUBA un experimento en condiciones controladas de invernáculo. Sembramos P. contorta en macetas; a algunas les agregamos polen y a otras no. Al cabo de siete meses medimos y comparamos ambos grupos. Aquellos pinos con polen agregado crecieron casi un 50% más en altura, grosor y biomasa”, comentó el investigador.

Macetas con Pinus contorta en invernáculo

Al respecto, Pérez explicó que “los nutrientes que aportó el polen impulsaron el crecimiento de los ejemplares juveniles, confirmando nuestras ideas previas. Este experimento también nos permitió comprender lo que pasa en el campo”.

De las macetas al bosque

Danila Sánchez, Licenciada en Ciencias Ambientales (FAUBA), relacionó el resultado con la invasión de pinos. “Los árboles adultos de P. contorta liberan polen al mismo tiempo que emergen las nuevas plántulas. Esta sincronización podría darles una ventaja inicial frente a las especies nativas. Hasta el momento, este proceso había sido completamente ignorado”.

“El fenómeno podría agravarse con el cambio climático. Algunos trabajos predicen que con el aumento de las temperaturas, la liberación de polen sería más abundante. Esto aceleraría la expansión de pinos sobre los bosques y los pastizales patagónicos”, advirtió la ambientóloga.

Entre todos, con prisa y sin pausa

Ante este escenario, Danila Sánchez hizo hincapié en que la mejor forma de frenarlos es encarar un control temprano. “Es fundamental eliminar los pinos nuevos, ya que hacerlo en las primeras etapas de la invasión es mucho más barato y efectivo”.

Y añadió: “Sobre todo, es clave actuar de manera colectiva. Existen experiencias como la Red Pinos, en la que confluyen desde instituciones públicas de investigación y ONG hasta organizaciones vecinales para coordinar acciones de control y restauración”.

Los recursos para trabajar son escasos debido al desfinanciamiento del sistema científico

A modo de cierre, y en referencia a la crisis del sistema científico, Luis Pérez sostuvo: “Para diseñar planes de manejo y orientar las acciones es crucial profundizar esta investigación. Lamentablemente, hoy está frenada por la falta de financiamiento. Aun así, trabajamos con los escasos recursos disponibles porque debemos evitar nuevas invasiones y preservar nuestros bosques”.

Por: Santiago E. Zagaglia (SLT-FAUBA)