Por Daniel Armando Vogel | DIRECTOR – Señores, se confirmó ayer la cuarta etapa del Aislamiento Social (ya no tan) Obligatorio, que impulsa el Gobierno Nacional en todo nuestro país, aunque con algunas excepciones en las provincias y/o distritos donde no ha llegado el COVID-19, a imponer su daño mortal.
Pero, mientras que nos ocupa, hace ya más de 40 días, este monotema; el mundo y, entiéndase la vida, sigue andando. Siguen naciendo bebés, en este planeta cada instante, de cada día.
Los datos así lo indican, nace una persona nueva en el planeta tierra cada medio segundo, según la UNESCO que indica que nacen dos niños por cada segundo. Aunque los especialistas dicen que son tres cada segundo porque, asegura que “cada minuto nace un promedio de 180 bebés en todo el mundo, de hecho, la cifra que se maneja es un promedio de entre 94-95 millones de nuevos bebés cada año”.
Y, tengamos en cuenta que se dice que, dentro de 7, 8 o 9 meses, este índice de nacimientos podría acrecentarse, producto de la “cuarentena”. Porque señores, nada ni nadie puede alterar la vida, ni el desarrollo exponencial de la raza humana.
Mientras tanto, también seguimos llorando pérdidas de miles de vidas a manos de la pandemia y su muerte, qué generó la aparición del COVID-19, desde finales del año pasado.
Y, como la vida continúa y nada lo puede evitar, también tenemos que pensar en vida, sin dejar de mirar cómo evitar la muerte a manos del Coronavirus.
Por ellos, estimados…, por los que siguen llegando a la vida en la tierra, es que tenemos que pensar, porque se merecen, como nosotros, un mundo lindo para vivir.
Ese mundo que estamos viendo rápidamente tiene la capacidad de volver a su origen natural en muchas situaciones dónde, por consumismo extremo, por desidia o, simplemente por imprudencia del hombre, el ser humano lo destruye y mata, más que un poderoso virus pandémico.
Perplejos vemos imágenes de comunidades en distintos lugares del planeta, donde los animales (no comunes o domésticos), se animan a caminar sus calles, a llegar a sus ventanas, a deambular por sus puertas.
¿No será ésta también la oportunidad para darnos cuenta lo dañino y destructivo que somos?
La naturaleza también aprovecha la pandemia. Nacen niños, los animales se liberan.
Y vos y yo ¿qué hacemos con el ecosistema en nuestro planeta?
¿Qué con el cuidado y defensa del medio ambiente?, que es, en definitiva, la casa que le dejaremos a las generaciones que no suceden, y qué, sin importarle la cuarentena y su post realidad, siguen llegando a este mundo con un pan debajo del brazo y, toda la ilusión qué trae en sí misma una nueva vida, llena de futuro en la tierra.
Muchas cosas nos dejará la pandemia. Muchas cosas no quitará el COVID-19.
Busquemos pues, encontrar lo positivo y lo que esta situación inusual en la humanidad nos puede o quiere enseñar.
Aprovechemos la pandemia para amarnos, y para amar nuestra casa de todos, un poco más.
AL QUE LE QUEPA EL SAYO...






