SIN PERMISO PARA ODIAR

Por Daniel Armando Vogel – Buen domingo para todos; ya estamos en el mes de la primavera y con marco de sol, mejor temperatura y la llegada de las alergias por los plátanos que visten la ciudad de Zárate, dan testimonio de estar muy cerquita el cambio de temporada.

En la columna de hoy precisamente y vamos a hablar de todo lo que significa el mes número 9 nuestro calendario, el mes del estudiante, de los jubilados, de los fotógrafos, del maestro, del bibliotecario, de la alfabetización, de la secretaria, entre otros.

También que fue un 1 de septiembre de 1939 cuando las tropas alemanas invadieron Polonia, iniciándose la Segunda Guerra Mundial, pero que el 2 de septiembre de 1945 finalizaba la Segunda Guerra Mundial, considerada como el mayor conflicto bélico de la historia.

Era la mañana en Argentina de ese 11 de septiembre de 2001 cuando se producía el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, en Estados Unidos y que el 28 de septiembre de 1928, es el día cuando el médico y científico británico Alexander Fleming descubría la penicilina.

Y que como curiosidad de este noveno mes del año podemos aportar que en el hemisferio norte se inicia el otoño y que, en el nuestro, comienza la primavera en el hemisferio sur.

Que la flor de septiembre es la Hortensia, una planta ornamental muy peculiar por sus flores, organizadas con forma de esfera.

La piedra preciosa del mes de septiembre es el Zafiro, una gema con variedad de tonalidades: azul, amarilla verde y rosa, ampliamente utilizada para adornar las joyas de la realeza.

Pero todo ello se empaña por la situación por la que nuestro país atraviesa, donde enmarcados en absoluta pobreza, terrible inflación, nos debatimos entre la inestabilidad social y económica de la mayoría de los trabajadores y el resto de la sociedad, perjudicando principalmente a las dos puntas de ella, los niños y los ancianos.

Tenemos grieta y va en profundización.

Odio es la palabra de moda.

De uno y de otro “bando”, odio. Que no es solamente escasez de amor, es odio en su máxima expresión, donde no importa quién es el otro, solo importo yo.

La noche de jueves y ese atentado, felizmente fracasado, nos puso al borde de ríos de sangre.

¿Merecemos acaso “darnos ese permiso” de matarnos entre hermanos, en un país tan, pero tan rico y con millones de pobres, con poderosos que no piensan en los que menos tienen?

Rotundamente no. No nos merecemos darnos ese permiso de odiar hasta matar.

Paremos esta locura. Y volvamos sobre nuestros pasos, porque entramos todos en la misma bolsa.

Bien vale, hoy más que nunca, esta firma:

AL QUE LE QUEPA EL SAYO…