La entrevista fue realizada con el pastor Gabriel Micucci, referente de la Cámara Pastoral de Zárate, para hablar del programa multidisciplinario “Pista de Aterrizaje”. La propuesta se ofrecerá a las instituciones educativas como reflexión preventiva y orientación para padres, con el objetivo de profundizar en las recomendaciones relacionadas con el autocuidado, fundamentadas en experiencias concretas de acompañamiento a jóvenes en entornos nocturnos y situaciones de vulnerabilidad.

Micucci destacó el mensaje preventivo a las familias sobre el UPD (Último Primer Día), que se concretará en el regreso a clases. Señaló que, a partir de los antecedentes de las últimas ediciones —marcadas por violencia, excesos y malestar comunitario—, es fundamental que la celebración se aborde con responsabilidad, supervisión adulta y acompañamiento institucional, ya que su realización influye directamente en la vida de la comunidad.

Último Primer Día (UPD) 2026

Lo que aquí compartimos es una sugerencia orientada al cuidado, basada en experiencias concretas de acompañamiento a jóvenes en contextos nocturnos y situaciones de vulnerabilidad. El último año del nivel secundario es una etapa profundamente significativa. La emoción por comenzar esta última trayectoria escolar es legítima y comprensible. Sin embargo, en distintos lugares del país se han registrado situaciones preocupantes asociadas a celebraciones sin supervisión adecuada.

Entre las problemáticas que pueden presentarse se observan: consumo excesivo de alcohol, mezcla de bebidas y sustancias, privación total de descanso previo a la jornada escolar, traslados en horarios de madrugada sin condiciones seguras, presión grupal que lleva a decisiones no deseadas y la exposición en redes sociales con posibles consecuencias futuras.

La difusión de fotos o videos en redes sociales, muchas veces sin consentimiento, puede derivar en situaciones de exposición, burlas, ciberacoso y consecuencias emocionales que afectan la autoestima y el bienestar de los jóvenes. Estas circunstancias pueden derivar en intoxicaciones, descompensaciones, accidentes o situaciones que comprometen la salud física y emocional de los adolescentes.

La adolescencia es una etapa de construcción de identidad y autonomía progresiva, pero también de alta sensibilidad emocional. En este proceso, la presencia adulta responsable resulta fundamental, porque supervisar no significa desconfiar, involucrarse no significa invadir, acompañar significa cuidar.

En tal sentido, se sugiere a las familias: conversar anticipadamente con sus hijos sobre expectativas y límites, informarse sobre el lugar y la modalidad de cualquier encuentro, garantizar la presencia de adultos responsables, desalentar el consumo de alcohol y sustancias, organizar traslados seguros y, por último, recordar que ninguna tradición debe poner en riesgo la integridad de nuestros hijos.

El programa Pista de Aterrizaje se lleva adelante en la madrugada, cuando los adolescentes regresan de los boliches. Allí, un equipo de voluntarios los recibe con gestos sencillos: un café caliente, unas galletitas, una breve encuesta sobre sus hábitos nocturnos y, sobre todo, un espacio de escucha y contención. La propuesta busca ofrecer seguridad, detectar situaciones de riesgo, acompañar a quienes lo necesiten y transmitir valores esenciales como respeto, solidaridad y responsabilidad.

Aseguró, dirigiéndose a los padres y docentes que “Los adolescentes cierran sus oídos a nuestras palabras, pero abren sus ojos a nuestro ejemplo.” La frase resume el desafío actual: no basta con hablar, hay que respaldar con acciones. La experiencia de Pista de Aterrizaje muestra que muchos adolescentes recurren al alcohol o la violencia como forma de escapar de problemas familiares o personales. Por eso, el trabajo consiste en acercarse, escuchar sin juzgar, contener y mostrar que existen otras formas de divertirse.


El equipo —integrado por jóvenes, adultos y matrimonios— acompaña en la madrugada, ofrece diálogo, seguimiento en redes y espacios de valores. La clave está en la presencia: preguntar, escuchar y dar ejemplo. La tarea educativa no se limita a transmitir conocimientos técnicos; también implica formar en principios como respeto, solidaridad, perdón y compañerismo.

La Cámara Pastoral recuerda que educar es más que transmitir conocimientos: es formar en valores. La escuela, la familia y la comunidad deben trabajar juntas para que los adolescentes encuentren apoyo y orientación, evitando que la celebración se convierta en riesgo.