Redes, guantes y cajones plásticos inundan las costas de Chubut. Por eso, cada vez más personas se organizan para retirarlos de los ecosistemas. Un estudio académico detalló que es clave direccionar esfuerzos y gestionar de forma coordinada los residuos de la pesquería: desde los barcos y los puertos, hasta el Estado y la comunidad.
Caminamos por una playa con arena de microplásticos y con un mar de botellas, guantes y redes de pesca. Levantamos una colilla y la tiramos a la basura. Una pregunta queda flotando, ¿sirve de algo? Un estudio de la FAUBA y el Proyecto MaRes en las costas de Chubut analizó campañas de limpieza de playas contaminadas con plásticos. Por un lado, señaló que en menos de 1 año removieron más de 10 toneladas de residuos y que son prácticas valiosas para dar visibilidad al problema, fomentar la participación y aportar conocimiento. Por otro, advierte que para ser más efectivas deben abordar la gestión integral de residuos pesqueros, desde los barcos y los puertos, hasta las plantas de reciclaje. ONG, comunidad local, municipios, científicos y empresas, ¿pueden tener una brújula común?
La contaminación por residuos plásticos en ambientes costeros y marinos es un problema global. Estos materiales se acumulan por décadas, afectando a los ecosistemas y a la fauna marina. Impactan al turismo, a la navegación y a la pesquería. Además, cuando se fragmentan, ingresan a la cadena trófica y representan un riesgo para la salud humana.

En la costa de la provincia de Chubut, este problema se asocia al crecimiento de las ciudades y, sobre todo, a la industria pesquera de merluza y langostino. La actividad usa grandes volúmenes de plástico en forma de redes, cajones, baldes, sogas y guantes. Estos suelen terminar en el mar y en las costas debido a la escasa prevención, regulación y gestión de residuos, tanto a bordo como en puerto.
Por eso, desde los 90, cada vez más personas se organizan para realizar censos y limpiezas de residuos, y remediaciones de esta región extensa en la que conviven áreas protegidas, ciudades y puertos. Un estudio de la FAUBA y el Proyecto MaRes analizó la contaminación por plásticos de estas playas australes y cómo evolucionaron las estrategias de la comunidad local para abordarla. Con este trabajo, Maile Taboada se graduó de la Licenciatura en Ciencias Ambientales de la FAUBA.

Con los pies en el plástico
Una parte del estudio de Taboada consistió en analizar la acumulación y la limpieza de plásticos en las playas La Galesa y Cormoranes. Para ello, tomó información de campañas realizadas en 2024 por la organización Sin Azul no hay Verde en La Galesa, por el proyecto MaRes y por la mesa técnica de residuos pesqueros en la Cormoranes. Luego, contabilizó los residuos e identificó los más frecuentes.
“En La Galesa, cercana al puerto y a la ciudad de Rawson, se realizaron dos jornadas en las que participaron 48 personas en total. En la primera, los voluntarios recorrieron 500 metros y recolectaron 70 kilos de residuos. En la segunda, recorrieron 1 kilómetro y juntaron 75 kilos. Lo que más había eran botellas PET y los guantes amarillos que se usan día a día en la pesca. Por su composición, hoy no se reciclan”, contó Taboada.

Por su parte, en la Cormoranes —ubicada dentro del Área Natural Protegida Península Valdés y alejada de centros urbanos— participaron 42 personas en dos campañas de limpieza. En la primera recolectaron 10.000 kilos en 10 kilómetros de costa. En la segunda, juntaron 1.800 kilos en 10 kilómetros de playa. Allí encontraron, sobre todo, cajones de barcos pesqueros, sogas y botellas.
Pero, ¿tiene sentido todo este esfuerzo? Maile respondió que las limpiezas aportan a la recuperación de las costas y su biodiversidad, y, sobre todo, involucran a la comunidad, abren debates y generan información. “Es fundamental complementarlas con acciones preventivas y estructurales dentro de la cadena de gestión de residuos, tanto a bordo como en el puerto y en las playas. Hay que abordar la raíz del problema y entre cada vez más sectores”.
GPS colectivo
Taboada también elaboró una línea de tiempo que incluyó investigaciones, leyes y encuentros interinstitucionales, entre otros eventos, y observó que la problemática cobró protagonismo en los últimos años. “Aumentaron las limpiezas, los estudios académicos, las normas y la cantidad y diversidad de actores que buscan tratar la contaminación de las costas de Chubut. A su vez, se incrementó la organización y la coordinación entre las instituciones”.

A las ONG y a los grupos de vecinos se le sumaron organismos públicos y científicos, y en el último tiempo, también empresas. “De hecho, se generaron mesas de trabajo que integran representantes de toda la cadena, para identificar problemas, coordinar acciones y mejorar la gestión de residuos. Más de veinte instituciones ya trabajan en el tema”, resaltó Taboada, quien fue dirigida por Diego González Zeballos, investigador del CONICET, y María Semmartin, docente de la FAUBA.
Coordenadas claras
A la hora de pensar una hoja de ruta, Taboada enumeró diferentes medidas. Por un lado, estudiar las capacidades locales de recolección, separación y reciclado, y fortalecer la trazabilidad de los materiales. Por otro, facilitar la gestión de los residuos tanto a bordo como en los puertos. “Podríamos simplificar el reciclaje para los marineros y mejorar la infraestructura portuaria. Todas las personas que reciclamos sabemos que es un esfuerzo”.

Para finalizar, Maile agregó que es fundamental diseñar de forma coordinada protocolos e indicadores replicables y comparables, lo que permitiría crear una base de datos para concentrar información. Unificar y centralizar las estadísticas dispersas, posibilita transformarlas en un recurso estratégico clave para todos los actores interesados. Y reflexionó: “Que sirva para elaborar políticas públicas. Para asegurar la continuidad y mejorar la efectividad de las medidas es importante que se involucren más personas y sectores”.
Por: Sebastián Tamashiro (SLT-FAUBA)











