Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Buen domingo para todos. Hoy recibimos juntos al invierno 2026.
Hay semanas en las que el mundo parece condensar, en apenas unos días, todas sus contradicciones. Mientras las grandes potencias negocian el futuro del planeta, la política argentina vuelve a mostrar sus tensiones internas, el deporte nos regala emociones compartidas y Zárate continúa proyectándose hacia el futuro sin poder escapar a los debates que atraviesan a toda la sociedad.
Porque, al final de cuentas, vivimos tiempos donde las alegrías colectivas conviven con las grietas más profundas.
Avanza el Mundial y ya transitamos la segunda fecha de la fase de grupos. Algunas selecciones comienzan a despedirse, otras aseguran su lugar en la próxima instancia y el sueño de levantar la copa sigue intacto para millones de personas.
El martes jugó el campeón vigente. La Selección Argentina volvió a demostrar por qué llegó a la cima del fútbol mundial en Qatar y dio un nuevo paso en la defensa del título.
Con un Lionel Messi brillante, autor de los tres goles, la celeste y blanca subió el primero de los ocho escalones que deberá recorrer para volver a lo más alto del planeta futbolístico.
El próximo lunes llegará una nueva prueba frente a Austria. Todo parece indicar que Lionel Scaloni contará con plantel completo y que una victoria podría asegurar la clasificación anticipada, aunque todavía reste un encuentro de la fase de grupos.
Messi se emocionó después de convertir su primer gol y, de algún modo, también emocionó a millones de argentinos que volvieron a ver en su capitán algo que trasciende el fútbol: la capacidad de unirnos, aunque sea por un instante.
Sin embargo, horas después apareció una de esas situaciones que explican por qué la grieta argentina parece no respetar absolutamente nada. Una noticia falsa, impulsada irresponsablemente desde un programa de streaming y amplificada por una actriz vinculada a un sector político muy identificado, terminó lastimando a la familia del capitán y generando una innecesaria ola mundial de especulaciones.
La desinformación, la falta de rigor periodístico y la búsqueda desesperada de impacto inmediato siguen dejando heridas que no se curan con disculpas tardías ni con lágrimas frente a una cámara. Hay límites que nunca deberían cruzarse, y uno de ellos es el respeto por las emociones genuinas de quienes representan a millones de argentinos.
Mientras tanto, el país celebró ayer el Día de la Bandera en Rosario. Pero tampoco allí faltaron las señales de incomodidad. El presidente y la vicepresidenta compartieron escenario sin mirarse, reflejando una tensión política que parece irreversible.
Paradójicamente, la propia historia de nuestra bandera también nació en medio de diferencias y tensiones. Cuando Manuel Belgrano la enarboló por primera vez a orillas del Paraná, el Primer Triunvirato no aprobó su creación y le ordenó ocultarla para evitar conflictos diplomáticos con la Corona española.
Dos siglos después, las disputas son otras, pero la enseñanza sigue vigente: aun en medio de las diferencias, los símbolos que nos representan deberían estar por encima de cualquier grieta.
Y todo ocurre en medio de lo que muchos interpretan como la caída definitiva de Manuel Adorni, a quien la oposición buscará esta semana, conseguir aprobación para interpelarlo, luego de que el Gobierno decidiera retirarle la vocería oficial.
Otra muestra de una dirigencia atrapada en disputas permanentes mientras la sociedad espera respuestas concretas.
En Zárate, sin embargo, hubo espacio para otras noticias.
Comenzó Costa Joven 2026, una propuesta que moviliza a cientos de estudiantes y familias de escuelas públicas y privadas, renovando ese espíritu de encuentro que tanto necesita la comunidad.
También nuestra ciudad vuelve a ubicarse en el mapa de las inversiones internacionales.
Durante esta semana llegaron empresarios chinos interesados en analizar la posibilidad de desarrollar proyectos vinculados a la industria automotriz en el distrito. Una señal que ratifica el valor estratégico de Zárate como polo productivo y logístico.
Aunque ni siquiera esas buenas noticias escapan a las polarizaciones de época.
El anuncio del viaje del intendente Marcelo Matzkin a Israel para participar de una convocatoria vinculada a la innovación y la tecnología generó un fuerte debate local, luego de que un vecino cuestionara públicamente la visita a partir del conflicto existente en la Franja de Gaza entre israelíes y palestinos.
Las repercusiones dejaron al descubierto cómo una guerra que se desarrolla a miles de kilómetros también encuentra ecos y divisiones en nuestra propia comunidad.
Todo parece indicar que las grietas, tanto locales como globales, ya no reconocen fronteras.
Y quizá ese sea uno de los mayores desafíos de este tiempo: aprender a debatir sin rompernos, a disentir sin descalificar y a comprender que detrás de cada opinión hay historias, identidades y emociones.
Por eso, en medio de tanta tensión, el deporte vuelve a regalarnos una noticia capaz de unirnos.
Mientras la Selección Argentina de fútbol continúa su camino en el Mundial, otra selección nacional consiguió un logro extraordinario.
Este viernes, en Hungría, el seleccionado argentino de básquet para personas con síndrome de Down se consagró campeón del mundo venciendo a Turquía con autoridad.
Detrás de esa hazaña aparecen dos nombres muy cercanos para nuestra región: Claudio y Néstor, entrenadores radicados en Capilla del Señor, quienes condujeron a Los Tigres hacia la gloria mundial. A ellos, y a cada uno de los jugadores, nuestras felicitaciones.
Porque cuando el esfuerzo, la inclusión y el trabajo en equipo se convierten en protagonistas, el resultado siempre trasciende cualquier marcador.
Ojalá gane la Selección de “los lioneles”, pero, por encima de cualquier resultado, ojalá también logremos preservar esos valores que todavía nos unen y la capacidad de emocionarnos juntos.
También celebremos juntos hoy, el Día del Padre, todos.
Que tengamos una bendecida semana.
AL QUE LE QUEPA EL SAYO…











