Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Buen domingo para todos. Hay semanas en las que las noticias nos ofrecen motivos para sentir orgullo, pero también razones para mirar con atención lo que viene.
Esta vez, el orgullo tiene nombre propio, Lionel Messi; se escribe también en una historia industrial que crece desde Zárate; acompaña a casi doscientos vecinos que regresan de representar a nuestra ciudad en los Juegos Bonaerenses y contiene, además, una advertencia de la naturaleza que nos obliga a no bajar la guardia. Cuatro temas diferentes que, sin embargo, terminan encontrándose en algo que nos importa a todos: nuestra identidad y el futuro de la comunidad en la que vivimos.
Lionel Messi volvió a poner a la Argentina en lo más alto del reconocimiento internacional. El viernes recibió en Oviedo, España, el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026, una distinción que por primera vez se concede individualmente a un futbolista. El jurado destacó no solamente una trayectoria excepcional, sino también su humildad, su compromiso con el trabajo colectivo y su labor solidaria en favor de niños en situación vulnerable.
Durante más de dos décadas vimos a Messi convertir lo extraordinario en costumbre. Nos hizo celebrar títulos históricos y, al mismo tiempo, sostuvo una conducta ejemplar dentro y fuera de la cancha. Por eso los reconocimientos que hoy recibe trascienden lo deportivo: premian al futbolista, pero también distinguen a la persona.
Esta semana podría sumar un nuevo capítulo a una carrera irrepetible. Además de ir por su noveno Balón de Oro, también podría recibir una distinción especial en el marco de los 70 años del galardón, que buscaría reconocer al mejor ganador de todos los tiempos. De concretarse, sería otro reconocimiento para quien ya ocupa un lugar privilegiado en la historia del deporte mundial. Desde EL DEBATE celebramos cada uno de esos logros porque reflejan valores que trascienden el fútbol: talento, esfuerzo, perseverancia y respeto.
Pero el orgullo de Zárate no está solamente en las grandes figuras que nacieron en nuestro país. También está en las fábricas, en los trabajadores y en las empresas que desde hace décadas producen, innovan y llevan sus productos a mercados cada vez más exigentes.
La planta de Cervecería y Maltería Quilmes en nuestra ciudad es un ejemplo de ese recorrido. A casi 35 años de su llegada, la instalación industrial continúa ampliando sus capacidades y apostando por nuevos productos. La compañía anunció inversiones para desarrollar cervezas sin alcohol, sin gluten y nuevas variedades dulces y saborizadas, en una apuesta a las tendencias de consumo y a un mercado que ya no se limita a las opciones tradicionales.
Detrás de esas novedades hay tecnología, inversiones, puestos de trabajo y una cadena de proveedores y servicios que también forma parte de la economía local. Que productos elaborados en Zárate puedan competir en mercados nacionales e internacionales es una buena noticia para nuestra ciudad, porque la industria no se mide solamente por lo que sale de una línea de producción: también importa lo que genera alrededor, desde el empleo hasta la formación de trabajadores y el movimiento comercial que acompaña su actividad.
Quilmes forma parte de esa historia industrial que Zárate viene construyendo desde hace décadas. Una historia que debemos cuidar, porque cada inversión que se sostiene y cada nueva capacidad productiva que se incorpora representan una oportunidad para el desarrollo de nuestra comunidad.
Y si hablamos de orgullo zarateño, esta semana también merece un reconocimiento especial la delegación que representó a nuestra ciudad en los Juegos Bonaerenses 2026, en Mar del Plata. Fueron 190 representantes de Zárate, entre deportistas, artistas, adultos mayores y participantes de las disciplinas destinadas a personas con discapacidad. Regresan con 15 medallas, pero también con la experiencia de haber compartido una competencia provincial que reúne esfuerzo, compañerismo, superación y pasión por lo que cada uno hace.
Las medallas tienen un valor indiscutible, pero detrás de cada una hay entrenamientos, profesores, familias que acompañan y personas que se animaron a competir y dar lo mejor de sí. También hay historias que no necesariamente terminan en un podio, aunque merecen el mismo reconocimiento por el compromiso y la perseverancia que representan. Desde EL DEBATE saludamos a todos los integrantes de la delegación, a quienes consiguieron una presea y a quienes regresan con la satisfacción de haber defendido los colores de Zárate. Nos representaron con orgullo y merecen nuestro reconocimiento.
Sin embargo, mientras celebramos estos logros, hay una cuestión que no podemos dejar de mirar: el fenómeno de El Niño y sus posibles consecuencias sobre nuestra región. Los informes oficiales anticipan un episodio de intensidad fuerte o muy fuerte, con posibilidades de lluvias superiores a las habituales en distintas zonas del país. Al mismo tiempo, los niveles de algunos tramos de los ríos Paraná y Uruguay vienen siendo observados por los organismos técnicos.
No significa que debamos anunciar una inundación ni instalar temor donde todavía hay pronósticos y escenarios posibles. Significa, sencillamente, que debemos prestar atención. Zárate conoce muy bien lo que sucede cuando las lluvias descargan grandes volúmenes de agua, cuando los desagües no alcanzan o cuando el crecimiento de los ríos condiciona a quienes viven y trabajan cerca de sus márgenes. La prevención no comienza cuando el agua llega a la puerta de una casa: comienza antes, con planificación, mantenimiento, información confiable y coordinación entre las autoridades y la comunidad.
Por eso, además de seguir los pronósticos, es importante conocer las alertas oficiales y evitar que los rumores reemplacen a la información técnica. La naturaleza tiene sus propios tiempos y no siempre podemos impedir sus efectos, pero sí podemos trabajar para reducir los riesgos y proteger a nuestros vecinos.
Messi nos llena de orgullo por lo que representa en el mundo; Quilmes, por lo que produce desde nuestra ciudad; nuestros representantes en los Juegos Bonaerenses, por el esfuerzo con el que llevaron el nombre de Zárate a Mar del Plata. Y El Niño nos recuerda que ese mismo compromiso debe estar presente cuando se trata de cuidar a nuestra gente.
Porque el orgullo de pertenecer a una ciudad no consiste solamente en celebrar sus logros. También significa reconocer su potencial, acompañar a quienes trabajan por ella y exigir que estemos preparados para los desafíos que puedan llegar.
Que tengamos una bendecida semana.
AL QUE LE QUEPA EL SAYO…











