Por Claudio Valerio – Uno de los mandamientos que, en algunos ambientes, se transgrede con mayor frecuencia es: «No usarás el nombre de Dios en vano». «En vano» significa sin respeto, o peor, con desprecio, con ira; en resumen, blasfemando. En ciertos lugares hay gente que usa la blasfemia como una especie de intercalado en sus conversaciones, sin tener en absoluto en cuenta los sentimientos de quienes escuchan.
Además, son muchos jóvenes que, y especialmente si están en compañía, blasfeman
repetidamente con la evidente convicción de impresionar así a las chicas presentes. Pero un joven que no tiene más que este medio para causar impresión en las chicas, quiere decir que está realmente mal…
San Agustín decía: «Ama y haz lo que quieras». Porque si uno ama de verdad, todo lo que haga será para bien. Incluso si reprocha y corrige, será por amor, por el bien de otro. Se emplea mucha diligencia para convencer a un ser querido de que deje de fumar, diciendo que el tabaco perjudica la salud; ¿por qué no hacer lo mismo para convencerle de que deje de blasfemar?
Ciertos hombres de la mafia honran escrupulosamente a su padre y a su madre; pero se permitirían «desear la mujer del prójimo», y si un hijo suyo blasfemia le reprochan ásperamente, pero no matar, no mentir, no codiciar los bienes ajenos, son tema aparte. Deberíamos examinar nuestra vida para ver si también nosotros hacemos algo parecido, esto es, si observamos escrupulosamente algunos mandamientos y transgredimos alegremente otros, aunque no sean los mismos de los mafiosos. Porque a los diez mandamientos hay que observarlos en conjunto; no se pueden observar cinco y violar los otros cinco, o incluso uno solo de ellos.
Pero esta vez desearía detenerme en la primera lectura, porque contiene un texto importante: el decálogo, los diez mandamientos de Dios. El hombre moderno no comprende los mandamientos, los toma como límites puestos a su libertad; como prohibiciones arbitrarias de Dios…
Pero los mandamientos fueron dados por Dios, para evitar que algún distraído o inexperto se salga del camino y se precipite al vacío. El objetivo de los mandamientos se puede comparar a los de un diques o a una presa: evitan que el hombre quede sumergido por la avalancha de
agua y barro.
«Cuida de practicar lo que te hará feliz»… éste es el objetivo de los mandamientos.






