Por Claudio Valerio – ¿De qué adelanta tener grandes cosas en ese mundo si en
cualquier momento podemos perderlas? ¿De qué nos sirve guardar tesoros valiosos del mundo si nada podremos llevar despues la muerte? ¿Qué provecho tendrá, para nosotros, riquezas que no tienen valor en el Cielo? Los bienes que guardemos en las manos del Señor nos seguirán por todo el eternidad.
Muchas veces nos ponemos ansiosos en ganar mucho dinero, pero, el dinero comprará nada en las regiones celestiales.
Envidiamos amigos que tienen una casa grande y lujosa, pero, delante de la que nuestro Dios preparó para Sus hijos, en la gloria, no pasa de una rústica cabaña. Soñamos con el coche
importado, creyendo que nos traerá felicidad, pero, la verdadera felicidad es no necesitar de un coche en los Cielos. Nos gustaría mucho de ver nuestros nombres en cheques de alto valor, pero, mucho mayor valor tendrá nuestro nombre, escrito por el Señor, en el Libro de los salvados.
Si queremos ser ricos en este mundo, necesitamos comprender que nuestras vidas deben estar en las manos de Dios. Debe ser nuestro Pastor, nuestro Guía, nuestro Consejero. Es
nuestra riqueza, la razón mayor de nuestros pensamientos, de nuestros sueños, de nuestra alegría. Podemos no tener un gran patrimonio, pero nos regocijamos por la certeza de que aún así, nada nos faltará.
“Tomé muchas cosas con mis manos, y todas perdí. Pero todo cuanto coloqué en las manos de Dios, aún poseo hoy.”
(Martin Lutero)11 de julio de 2018.-






