Por Daniel Armando Vogel
Hola, buen día. Buen domingo para todos.
Zárate vivió esta semana uno de esos acontecimientos que, con el paso de los años, terminan convirtiéndose en mojones de la historia local. La inauguración formal de la nueva planta de Mercedes-Benz Camiones y Bus no fue solamente un acto empresarial ni una inversión millonaria: fue una señal económica, industrial y simbólica para una ciudad que desde hace décadas construyó parte de su identidad alrededor de la producción, el trabajo y la logística.
Porque más allá de los discursos, las luces, el protocolo y las cámaras, hay una definición que empieza a instalarse con fuerza: Mercedes-Benz ya es parte de Zárate. O, dicho de otra manera, “Mercedes-Benz es de Zárate”.
No solamente por la magnitud de la inversión ni por el impacto laboral que puede generar, sino porque la automotriz alemana eligió definitivamente este territorio para escribir una nueva etapa de su historia argentina. Y eso no es menor.
La escena inevitablemente nos remite a otro momento histórico. Aquel 21 de marzo de 1997 en el que Toyota inauguraba su planta y comenzaba a modificar para siempre el perfil industrial de la región. Entonces, EL DEBATE titulaba “Toyota es de Zárate”. La foto quedó para la historia: el presidente Carlos Menem, el gobernador Eduardo Duhalde, el intendente Oscar Morano y las autoridades japonesas cortando la cinta de una fábrica inmensa que iniciaba la producción de la Hilux, con trabajadores zarateños.
También eran tiempos de fuertes diferencias políticas y de una relación distante entre la Nación y la Provincia. Sin embargo, estuvieron juntos en una postal que terminó representando un momento histórico para Zárate.
Han pasado casi treinta años de aquel desembarco que muchos miraban con expectativa y otros con dudas. El tiempo terminó demostrando que aquella apuesta transformó definitivamente la economía local, consolidó cadenas de proveedores, profesionalizó mano de obra —llegó a tener 9.000 empleados directos— y posicionó a Zárate dentro del mapa automotriz sudamericano.
Hoy, con Mercedes-Benz, vuelve a aparecer esa misma sensación de estar frente a una página importante. A una historia repetida y de gran promesa, como cuando la automotriz japonesa llegó a un campo en la esquina de las rutas 9 y 193.
Claro que este 8 de mayo de 2026, alrededor de semejante acontecimiento también aparecieron las otras escenas. Las menos industriales y más políticas. Las que suelen repetirse cuando el poder intenta acomodarse frente a una foto.
Y aquí conviene hacer una aclaración necesaria: nada de lo ocurrido en materia organizativa o protocolar tiene relación con la empresa anfitriona. La compañía mostró profesionalismo, orden y un esquema institucional acorde a la magnitud del evento. El problema apareció cuando la política quiso ocupar su espacio dentro de una ceremonia empresarial.
Los movimientos alrededor de la presidencia, las disputas de ubicación, los codazos discretos y las corridas por aparecer cerca de la foto principal dejaron una imagen incómoda.
Por eso la postal histórica quedó incompleta. No estuvieron presentes ni el presidente Javier Milei ni el gobernador Axel Kicillof, mientras que el intendente Marcelo Matzkin, como “anfitrión”, apareció, voluntariamente o no, en un segundo plano protocolar. Una escena demasiado desprolija para un evento que buscaba transmitir previsibilidad, inversión y futuro.
A diferencia de aquella histórica imagen de 1997, esta vez las diferencias políticas y las mezquindades de época impidieron construir una foto institucional a la altura de un acontecimiento que Zárate merecía guardar para su historia.
La única voz política sobre el escenario fue la de un jefe de Gabinete cuestionado por situaciones poco claras y con un discurso excesivamente partidario para un evento empresarial que debía hablar de producción, empleo y desarrollo. Y de una ciudad que celebraba un destino que muchos pares en la provincia nos envidian.
En ese tablero apareció casi en soledad la figura del polémico y cuestionado Manuel Adorni, convertido hoy en uno de los principales contrapesos políticos del oficialismo nacional. Su presencia —ya discutida desde mucho antes del acto— volvió a exponer cómo cada evento económico termina siendo utilizado como escenario político, casi mezquino.
Mientras tanto, el ceremonial no fue ni local ni del anfitrión. Abajo del escenario, algunos medios locales que estuvieron invitados por la empresa fueron mal tratados y relegados detrás de estructuras nacionales, equipos oficiales y prioridades de protocolo que suelen olvidar con excesivo celo protocolar algo elemental: son los medios de la ciudad los que narran la historia cotidiana cuando las cámaras nacionales se van.
Y quizá allí aparece otra discusión de fondo en esta semana de celebraciones.
Porque mientras los grandes anuncios industriales generan entusiasmo legítimo, Zárate también convive con otra realidad más silenciosa. La de los comerciantes golpeados por la caída del consumo, la de trabajadores con salarios deteriorados y la de una economía cotidiana que todavía muestra señales contradictorias con el discurso económico que el oficialismo intenta instalar.
En el Negro de la Riestra debutó este fin de semana el “Zárate Outlet”, una movida de crisis impulsada por comerciantes locales que, golpeados por la caída de ventas, lanzaron descuentos de hasta el 70% para intentar recuperar algo de movimiento. “Hay días en que no entra un solo cliente”, reconocieron algunos organizadores.
Esto vuelve a mostrar una dualidad cada vez más visible: inversiones enormes por un lado y actividad comercial retraída por el otro.
La Argentina parece vivir permanentemente entre dos velocidades. La de los anuncios macroeconómicos y la de la economía cotidiana.
Sin embargo, aun dentro de esas contradicciones, hay hechos que merecen ser valorados en dimensión histórica. Que una terminal automotriz global vuelva a apostar fuerte por Zárate en medio de un contexto internacional incierto no es un dato menor.
Quizá por eso la postal más importante de la semana no haya sido la de los funcionarios peleando centímetros de protagonismo, sino la de una ciudad que vuelve a ser elegida para producir.
Porque mientras los funcionarios pelean centímetros en una foto, Zárate sigue peleando algo mucho más importante: su futuro.
Como dijo el intendente Matzkin, lo verdaderamente importante es que Mercedes-Benz eligió radicarse en Zárate.
Aunque alrededor de la foto siempre haya codazos.
Que tengamos una bendecida semana.
AL QUE LE QUEPA EL SAYO…











