
Por Claudio Valerio – Un pastor, en vacaciones en una montaña, cierto día se quedó apreciando una hormiga que con mucha dificultad, cargaba una enorme paja en la espalda. Al mismo tiempo que observaba, pensó: “¡Qué hormiga ridícula! ¡Qué esfuerzo inútil! Podría haber escogido una carga bien menor”. Vio, de repente, que la hormiga tendría de atravesar una falla en el terreno, mayor que su tamaño. Sorprendido vio cuando la hormiga echó la paja en el suelo y la empujó para la hendedura, transformándola en un puente. Atravesó por encima de la paja y, del otro lado, la empujó, la colocó en la espalda y siguió adelante. El pastor, avergonzado, concluyó: “El ridículo soy yo, que lamento mi retraso y no los uso para construir puentes de victoria.”
¿Por qué estamos siempre lamentando por las luchas de nuestra vida, sin mismo refl
exionar si son oportunidades ofrecidas por Dios para que construyamos puentes que nos llevarán a los sueños anhelados? “todas las cosas ayudan”.
¿Y las luchas no son, también, parte del “todas las cosas”?
¿Y los fracasos no están insertos en las del día a día?
¿Y las decepciones no nos ayudan a meditar en las actitudes tomadas? ¿El parar un tiempo para recobrar fuerzas no sería una estrategia de Dios para nuestro éxito? … Si el fardo que llevamos es grande, de la misma manera podría ser usado para facilitar nuestras conquistas.
La hormiga seguía con su fardo y probablemente cantaba, imaginando que en cualquier momento el sería usado para ayudarla en la caminata… ¡Hagamos el mismo!
¡Seamos agradecidos por tener fuerzas para llevar nuestra fardería!…
Por nuestra fe, alcanzaremos todos nuestros objetivos de vida.






