Por Daniel A. Vogel | DIRECTOR – Si claro, la sabemos de memoria. ¿Quién no la recitó henchido su pecho con orgullo nacionalista y patriótico cada 20 de junio, el día en que se conmemora de la muerte de su creador el Gral. Manuel Belgrano? ÉL, Y OTROS PATRIOTAS QUE BAJO SUS COLORES NOS DIERON INDEPENDENCIA Y LIBERTAD.
Por si ya no te la acordás, repasala:
Bandera de la Patria, celeste y blanca,
símbolo de la unión y la fuerza
con que nuestros padres nos dieron independencia y libertad;
guía de la victoria en la guerra y del trabajo y la cultura en la paz.
Vínculo sagrado e indisoluble entre las generaciones pasadas,
presentes y futuras.
Juremos defenderla hasta morir antes que verla humillada.
Que flote con honor y gloria al frente de nuestras fortalezas,
ejércitos y buques y en todo tiempo y lugar de la tierra donde ellos
la condujeren.
Que a su sombra la Nación Argentina acreciente su grandeza por
siglos y siglos y sea para todos los hombres mensajera de
libertad, signo de civilización y garantía de justicia.
Hoy, muchos con sus acciones políticas, judiciales, morales, o de simple ciudadano, la humillan, la pisotean, la “cambian por otra con otros colores” sin enrojecérsele la cara…
Pobre el “Vínculo Sagrado e Indisoluble” que ven políticos y sus familias enriquecerse con cargos y prebendas, en vez de demostrarle a las “generaciones pasadas (abuelos y padres que hicieron la Patria), presentes (a sus hijos que sin decir nada, observan, ven y copiarán sus malos ejemplos) y venideras (los pobres descendientes que deberán llevar apellidos manchados con dinero sucio y sangre).
AL QUE LE QUEPA EL SAYO...






