Por Daniel A. Vogel | DIRECTOR – De niños, no nos gusta tomarla. Después de grandes, vamos sabiendo que una buena sopa hace recuperar energías y calor al cuerpo y termina por ser rica.
No estoy iniciando esta columna así porque se avecina el Día del Niño, sino para los grandotes que cíclicamente, volvernos a tomarla.
Que serían siete años de vacas flacas y otros siete de vacas gordas, es una cuestión bíblica. Y antes, recuerdo eran así los ciclos. Ahora, cada vez que se le antoja, cada vez son más cortos o constantes.
Otra vez sopa, y la política que producto de la acción u omisión, nos planta el plato como lo hacían nuestras madres de niños, aunque no nos gustaba tomarla.
El tiempo de la sopa ya nos cansa.
Tenemos un país inviable y donde los “iluminados” llegan con muchas promesas, se les renueva la confianza, se les otorga el voto y, OTRAS VEZ SOPA.
No importa el color político y/o marchita que canten o colores de globos, o ritmo que bailen, siempre terminan “sirviéndonos sopa”.
La inflación, el dólar, el déficit fiscal, es la receta de los que viven de la política y no para servir con ella, ya nos tienen cansados. Esta sopa, ya no nos gusta.
Otra vez nos toca ver perplejos como se nos ríen en la cara, mientras el pueblo sigue trabajando y creyendo o, renovando su desgastada confianza, en quienes “se postulan para cocinarnos mejor”.
Es hora ya que se terminen las mentiras, que se digan y hagan las cosas de gobierno como se deben hacer, como corresponde a un país serio, de buena gente y con las infinitas riquezas naturales y humanas, que tenemos en la Argentina. ¡Y, tenemos que tomar esta sopa, otra vez.
AL QUE LE QUEPA EL SAYO...






