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domingo, junio 28, 2026
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Día Mundial del Árbol: la historia del Hyperion, el ejemplar más alto del planeta

Hyperion es el árbol más alto del mundo, su altura es de 116,07 metros y su ubicación exacta se mantiene en secreto para protegerlo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cada 28 de junio se reconoce el rol esencial que cumplen estas plantas en la salud del planeta, desde la regulación del clima hasta la protección de la biodiversidad. Entre millones de especies vegetales, destaca un gigante singular que desafía los límites conocidos.

Hyperion es el árbol más alto del mundo, su altura es de 116,07 metros y su ubicación exacta se mantiene en secreto para protegerlo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cada 28 de junio se conmemora el Día Mundial del Árbol, una jornada dedicada a reconocer el papel fundamental que cumplen los árboles en la vida del planeta. Esta efeméride llama a valorar su aporte al equilibrio ecológico, la regulación climática y la provisión de recursos esenciales para la humanidad y la biodiversidad. Presentes en todos los continentes, excepto en la Antártida, estas plantas sostienen ecosistemas, capturan carbono y ofrecen refugio a innumerables especies, además de contribuir a la calidad del aire, el agua y el suelo.

Entre los millones de ejemplares que pueblan la Tierra, destaca un coloso: el árbol más alto del mundo. Este título corresponde a Hyperion, una secuoya roja ubicada en los bosques costeros del norte de California.

Su imponente altura y longevidad la convierten en un emblema de la riqueza natural y en un recordatorio de la necesidad de conservar los grandes bosques antiguos frente a las múltiples amenazas que los acechan.

Un gigante oculto entre los bosques de California

Según el Guinness World Records, el árbol más alto actualmente registrado es Hyperion, una secuoya roja (Sequoia sempervirens) que alcanza los 116,07 metros.

Su descubrimiento ocurrió en 2006 por los naturalistas Chris Atkins y Michael Taylor, aunque la última medición oficial se realizó en 2019.

El diámetro de su tronco llega a casi cinco metros, y su peso, considerando solo la madera por encima del nivel del suelo y sin agua, ronda las 209 toneladas. Además, su copa ostenta otro récord: la más profunda del mundo, con 90,9 metros desde la cima hasta donde inicia el follaje.

Su ubicación exacta permanece en secreto, en un intento por protegerlo de los daños derivados del turismo y la actividad humana. Solo un reducido grupo de biólogos y guardabosques conoce el sitio preciso, lo que evidencia el riesgo que enfrenta este tipo de ejemplar. Su edad estimada oscila entre 600 y 800 años, aunque otros informes mencionan que puede superar el milenio.

En Sudamérica, el récord lo ostenta el angelim vermelho (Dinizia excelsa) de la Reserva Natural del Río Iratapuru, en Brasil, que llega a los 88.5 metros y casi 10 de diámetro. Este ejemplar, además de ser un emblema de la Amazonía, cumple una función clave en el almacenamiento de carbono y el equilibrio ecológico de la región.

Características de las especies más monumentales

Las secuoyas comprenden principalmente dos especies: la secuoya roja (Sequoia sempervirens) y la secuoya gigante (Sequoiadendron giganteum).

Según datos de National Geographic, la Sequoia sempervirens es la especie más alta, restringida a una franja costera entre el sur de Oregón y el norte de California. Su corteza protege a estos árboles de incendios, plagas y sequías, permitiendo longevidades que superan los 2.000 años en algunos casos. La Sequoiadendron giganteum, aunque más robusta en volumen, no alcanza las alturas de su pariente costera.

La adaptación de las secuoyas a su entorno es notable. Prosperan en climas húmedos y templados, aprovechando la niebla del Pacífico para captar agua a través de su follaje. La capacidad de rebrote a partir de tocones y el crecimiento clonal les otorgan una ventaja en la recuperación tras episodios de tala o incendios. Sin embargo, su reproducción mediante semillas es esporádica y limitada por factores ambientales.

La IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) clasifica tanto a la Sequoia sempervirens como a la Sequoiadendron giganteum como especies en peligro de extinción, con poblaciones fragmentadas y en descenso. El uso histórico de su madera y la urbanización redujeron drásticamente las superficies de bosque primario.

Además, la supresión sistemática de incendios naturales durante décadas alteró el equilibrio ecológico de las secuoyas y favoreció la acumulación de material combustible, lo que incrementó el riesgo de incendios más destructivos. Menos del 5% del hábitat original de secuoyas de la costa se conserva en parques y reservas, mientras que el resto está sometido a explotación forestal o desarrollo urbano.

Retos para la permanencia de los grandes bosques

Los bosques de secuoyas representan uno de los ecosistemas más antiguos y valiosos del planeta. Según la organización sin fines de lucro, Save the Redwoods League, desde 2015 se perdió cerca del 20% de las secuoyas gigantes maduras a causa de incendios severos, exacerbados por el cambio climático y la sequía en California. Estos incendios, mucho más intensos que los que moldearon la evolución de las secuoyas durante milenios, superan la capacidad de resistencia de su corteza y eliminan árboles milenarios en cuestión de días.

La gestión forestal evolucionó en las últimas décadas. Iniciativas como la restauración del Giant Forest en el Parque Nacional Sequoia, documentada por el National Park Service de Estados Unidos, mostraron que la eliminación de infraestructuras y la recuperación del entorno natural pueden revertir décadas de impacto humano. El uso de quemas controladas y la reducción de densidad de árboles jóvenes se proponen como estrategias para restaurar el ciclo natural de incendios y evitar la acumulación peligrosa de combustible.

Paralelamente, informes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) subrayan el papel fundamental de los árboles y bosques en la mitigación del cambio climático, la regulación de temperaturas y la provisión de servicios ecosistémicos. Las secuoyas, por su tamaño y longevidad, figuran entre los mayores sumideros de carbono del mundo. Además, los bosques bien gestionados ofrecen beneficios sociales, como empleo, mejora de la calidad del aire y protección de fuentes de agua.

Sin embargo, la restauración y conservación efectiva exige políticas coordinadas, financiamiento sostenido y la participación de comunidades locales e indígenas.

Los expertos coinciden en que la preservación de las secuoyas, y de los bosques en general, debe priorizar la diversidad biológica y el bienestar de las personas que dependen de estos ecosistemas.

La restauración de bosques degradados, la reducción del uso de combustibles fósiles y la protección de los últimos relictos de bosque primario son tareas urgentes para garantizar la supervivencia de estos gigantes y los beneficios que proporcionan a la humanidad.

Por Camila Caruso (Infobae)