En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, especialistas destacan la necesidad de revisar enfoques, metodologías y criterios de reconocimiento para avanzar hacia una ciencia más equitativa.
Cada 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia invita a visibilizar vocaciones y trayectorias históricamente relegadas. En ese marco, especialistas advierten que, además de las brechas en cargos jerárquicos, salarios y condiciones laborales, persisten desigualdades vinculadas a la forma en que se produce el conocimiento científico.
Hoy se señala la necesidad de ampliar esa mirada y revisar qué preguntas se formulan, desde qué perspectivas, con qué supuestos y qué experiencias quedan representadas en la producción científica. Ejemplos recientes ponen en evidencia estas limitaciones. “Tras la vacunación contra el COVID-19, muchas personas menstruantes reportaron cambios en su ciclo, un fenómeno sobre el cual la ciencia no tenía respuestas claras debido a la falta de investigaciones previas que contemplaran esta variable” explica Vilda Discacciati, coordinadora del Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Salud de la Universidad Hospital Italiano.
La exclusión de mujeres o la falta de perspectiva de género en la investigación tiene consecuencias concretas: enfermedades que afectan mayoritariamente a mujeres continúan poco estudiadas; la infertilidad masculina fue históricamente sub investigada; la anticoncepción se desarrolló casi exclusivamente sobre cuerpos gestantes; y las tareas de cuidado permanecen escasamente contempladas en las políticas de salud.
Discacciati, que también se desempeña como Médica Especialista en Medicina Familiar en el Hospital Italiano, sostiene que “aumentar la participación de mujeres en la ciencia es necesario, pero insuficiente si no se revisan los enfoques de investigación. La perspectiva de género no depende del sexo de quien investiga, sino de la capacidad de cuestionar supuestos y ampliar variables. El sesgo es estructural y puede reproducirse incluso en equipos diversos”
En este contexto, el debate sobre mujeres y niñas en la ciencia también interpela a los modelos de éxito que se promueven, las disciplinas que se jerarquizan y aquellas que se desvalorizan. No es casual que las ciencias sociales y las humanidades —fundamentales para analizar impactos, contextos y dimensiones éticas— hayan sido históricamente consideradas secundarias frente a áreas tradicionalmente asociadas a la productividad.
A estas desigualdades se suma la brecha salarial: en áreas STEM, las mujeres perciben ingresos significativamente menores que sus pares varones y enfrentan menor visibilidad y reconocimiento, fenómeno conocido como “efecto Matilda”. Estas condiciones no solo afectan trayectorias individuales, sino que condicionan qué ciencia se puede hacer y quiénes pueden sostenerla.
Frente a este escenario, se destaca el rol de las instituciones científicas, las universidades y el Estado en la implementación de políticas activas de equidad, financiamiento y participación en los espacios de decisión. En la Universidad Hospital italiano se trabaja activamente en cuestiones de género, tanto en el área de investigación como desde Extensión Universitaria y el Observatorio Social Universitario. Promover la participación de niñas y jóvenes en la ciencia implica habilitar preguntas, legitimar la curiosidad y construir entornos más colaborativos.
“Incorporar la diversidad de cuerpos, experiencias y miradas no es una concesión, sino una condición necesaria para una ciencia más rigurosa, inclusiva y socialmente relevante” concluyen desde la Universidad Hospital Italiano.











