La agricultura avanza sobre bosques del Chaco Seco, principal sustento para miles de personas. 400 pueblos originarios ya perdieron, en promedio, un quinto de las áreas boscosas que los rodean. Cada año su vida es más difícil y las políticas públicas no alcanzan.
Los bosques nativos del Gran Chaco son el hogar de cientos de comunidades indígenas. En los últimos años, sus vidas se volvieron más difíciles ante el avance de la agricultura. Un trabajo liderado por la FAUBA y el CONICET evaluó los impactos de la deforestación en 400 comunidades indígenas de Salta. Los resultados son contundentes: entre el 2001 y 2021, en promedio, perdieron el 20% de los bosques que usan para conseguir agua, alimentos y otros recursos vitales. Algunos pueblos originarios vieron cómo se redujo hasta el 50% del principal sostén de sus vidas. Advierten que las consecuencias se intensificarán sin políticas públicas que protejan tanto a los bosques como a las poblaciones locales.
El Gran Chaco es el mayor bosque tropical seco de Sudamérica, concentra una biodiversidad enorme y un gran potencial productivo. Desde fines de los años 90, las tasas de deforestación en la región se duplicaron y hasta se triplicaron. Los bosques nativos se convirtieron en lotes de maíz, soja y ganadería bovina. “La agricultura avanzó sobre áreas donde viven más de 300 mil personas que pertenecen a comunidades indígenas de 30 etnias diferentes”, contó María Vallejos, investigadora de la FAUBA y el CONICET en el instituto IFEVA.

“Los bosques representan el principal medio de subsistencia para esas comunidades. Obtienen agua, alimentos y materiales para construir viviendas y elaborar artesanías. Además, son centrales en su cosmovisión. Por eso, para conservar los bosques es clave la presencia de los pueblos originarios. Sin embargo, el avance de la agricultura les deja áreas boscosas cada vez más chicas y degradadas”, agregó.
En este contexto, Vallejos, junto con especialistas de diferentes instituciones, evaluó la deforestación que se dio entre 2001 y 2021, y su impacto en 400 comunidades indígenas en el Chaco Seco de la provincia de Salta. “En particular, le quisimos poner números a la pérdida de bosque y, sobre todo, a cómo se limitó el acceso a los recursos vitales a estas miles de personas. Para eso, combinamos mapeos participativos y análisis satelitales”.
Los resultados son alarmantes. En promedio, por la expansión de la frontera agropecuaria desapareció una quinta parte de los bosques que usaban los pueblos de la región. Además, agregó: “Estas cifras son mucho mayores en algunos departamentos. El 15% de las comunidades perdió más de la mitad de su base forestal”.
La pérdida de bosques reduce los servicios ecosistémicos esenciales para la vida de las comunidades indígenas locales y les dificulta cada vez más conseguir agua, alimentos o leña. “Tienen que recorrer, en promedio, 8 km para recolectar determinadas especies vegetales, 15 km para cazar animales y 10 km para llegar a una fuente natural de agua potable”, contó la investigadora a Sobre La Tierra.

Mapeo participativo
Mapear el uso del bosque fue fundamental en el estudio. Para lograrlo, se entregaron equipos de GPS a miembros de las comunidades que luego registraron los sitios donde obtenían agua, leña, plantas y cazaban. Contaron con más de 1500 datos y los combinaron con mapas de desmontes, de cercos forestales y alambrados.
Vallejos remarcó: “Somos conscientes que la valoración numérica es muy limitada para comprender la magnitud y la complejidad del impacto de la deforestación en las comunidades. Sin embargo, tener esta información es clave para difundir las consecuencias ocultas que genera el desmonte. Es delicado trabajar y escribir sobre las problemáticas que atraviesan otras personas”.

En este sentido, añadió que uno de los desafíos más grandes es que estos resultados tengan impactos en la realidad, que se usen en debates de políticas públicas o en conflictos legales por el uso del suelo. Este equipo lo logró. “Nuestros resultados de distancias a recursos vegetales y animales se usaron para proyectos de ordenamiento territorial de la Ley de Bosques, que tienen que considerar el área de uso de los pueblos originarios de la región”.
El estudio se publicó en la revista científica Ambio, en coautoría con Ana Álvarez, Coordinadora General de ASOCIANA, Olivia del Giorgio, de la Universidad McGill de Canadá, y Tobias Kuemmerle, de la Universidad Humboldt de Berlín.
El famoso derrame

Para cerrar, Vallejos contó que durante los viajes a campo aprendieron mucho del conocimiento del territorio, el uso comunitario de la tierra y la cosmovisión de los pueblos indígenas. Sin embargo, también vieron la enorme pobreza de la región. Entonces, se preguntaron qué está pasando con la plata que genera la expansión agrícola.
“El agro es un sector que aporta mucho al PBI de la Argentina, pero no es claro cuánto deja en el territorio. Hoy investigo cuánto ‘derrama’ la expansión agrícola a nivel local. Combino censos y parámetros de bienestar, y los cruzo con datos de uso del suelo. Arranqué por la Argentina y voy a incluir a Bolivia y Paraguay para comparar entre países”, adelantó la investigadora.
Por: Sebastián Tamashiro (SLT-FAUBA)











