El incremento inusual de la temperatura en el océano central y oriental encendió las alarmas entre especialistas, que anticipan lluvias intensas, tormentas y alteraciones meteorológicas con impacto en varios países de Sudamérica.

La Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) aumentó la alerta por el fenómeno Súper El Niño tras detectar que la temperatura del océano en el Pacífico central subió 1,8 °C por encima de lo normal. Este registro obligó a ampliar las escalas de monitoreo y anticipa posibles efectos climáticos nunca vistos en Sudamérica.
Según la NOAA, este calentamiento extremo podría superar pronto los 2 °C, umbral que define a un Niño muy fuerte y que ya está afectando el clima en el hemisferio sur. En Argentina ya se observan consecuencias: nevadas poco habituales y olas de frío en la Patagonia, además de pronósticos de lluvias intensas y riesgo de inundaciones en el noreste, el litoral y la región pampeana.
El informe detalló que la zona del Pacífico conocida como Niño 3.4 llegó a una anomalía de 1,8 °C, cerca del valor que indica un evento muy intenso. Para dimensionar la magnitud, la NOAA amplió sus mapas de monitoreo hasta los 8 °C y registró anomalías de hasta 2,6 °C en la llamada “burbuja de agua cálida” que se extiende en el Pacífico central y oriental.
El calor no solo afecta la superficie, sino también los primeros 300 metros del océano. Los especialistas advierten que un fenómeno atmosférico llamado Oscilación Madden-Julian está acelerando la transferencia de calor y podría hacer que este Niño alcance niveles aún más extremos en las próximas semanas.
Impacto inmediato en Argentina: frío extremo, nevadas y lluvias fuera de escala
El avance del Súper El Niño 2026-2027 ya dejó marcas en la Patagonia, donde este invierno se registraron varias olas de frío superiores a los 10 días y nevadas en la cordillera central, eventos atribuidos al cambio en la circulación atmosférica. La meteoróloga de Meteored, Cindy Fernández, señaló previamente a Infobae: “Este invierno de 2026 ya exhibió características típicas de El Niño, como intensas nevadas y episodios de frío extremo en la Patagonia, donde se registraron varias olas de frío superiores a los 10 días, con temperaturas mínimas récord”.
Fernández aclaró que si bien el término “súper” no es científico, la intensidad excepcional del episodio actual aumenta la probabilidad de fenómenos asociados, como lluvias extraordinarias y mayor frecuencia de eventos meteorológicos anómalos. “Lo relevante radica en la fuerza del evento y la probabilidad de aparición de fenómenos asociados”, explicó Fernández.
Litoral y noreste bajo vigilancia: riesgo de inundaciones históricas
Las provincias ubicadas en el noreste, litoral y el este de la región pampeana —Misiones, Corrientes, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires— concentran la mayor atención de los meteorólogos. Allí se esperan lluvias persistentes, aumento de los días nublados y episodios de precipitaciones torrenciales.
Las consecuencias ya se perciben en el caudal de los ríos Iguazú, Uruguay y Paraná, alimentados por intensas lluvias en el sur de Brasil, lo que anticipa posibles crecidas y desbordes en la cuenca del Plata.
El patrón característico de un El Niño muy fuerte implica un aumento de la frecuencia de lluvias y fenómenos extremos, aunque la intensidad depende de la interacción con otros factores regionales. Fernández puntualizó: “El Niño no afecta a todo el país por igual, sino que sobre todo en el litoral y el noreste la señal es mucho más clara, con temporadas más lluviosas y más cantidad de eventos de tormentas fuertes”.
Infraestructura y campo: desafíos ante el exceso hídrico
La presión sobre la infraestructura urbana y rural se incrementará con el aumento de precipitaciones. Madelón remarcó que “Argentina no cuenta con sistemas adecuados para enfrentar excesos hídricos” y recomendó mantener en óptimas condiciones canales, cañerías y desagües urbanos para evitar colapsos. En el sector rural, la capacidad de los campos para tolerar lluvias superiores a la media depende de la existencia de obras de evacuación y escurrimiento. Sin estos mecanismos, los beneficios de una mayor humedad pueden transformarse en pérdidas productivas y daños económicos.
El contexto actual se diferencia de episodios anteriores por la presencia de una atmósfera más cálida y húmeda. Dicho de otro modo, la mayor humedad atmosférica potencia la materia prima de las lluvias y limita la utilidad de comparar con estadísticas históricas, ya que la atmósfera global cambia de forma acelerada.
La comunidad científica coincide en la necesidad de reforzar el monitoreo y la investigación sobre el fenómeno, así como de actualizar permanentemente los pronósticos para anticipar escenarios y mitigar riesgos en un país donde los efectos del clima extremo se sienten cada vez con mayor frecuencia.
Por Cecilia Castro (Infobae)











