Un equipo del CONICET recapturó una raya gigante que recorrió 170 kilómetros, muy por encima de los 8 kilómetros registrados en otras rayas de agua dulce sudamericanas. El hallazgo pone en duda que su conservación pueda planificarse a escala local.

Durante años, las investigaciones sobre rayas de agua dulce sudamericanas indicaban que estos animales se desplazaban pocos kilómetros. Sin embargo, una hembra de raya gigante recorrió al menos 170 kilómetros entre un arroyo de la llanura de inundación del Paraná y el río Gualeguay, en Entre Ríos. La recaptura fue 292 días después de haber sido marcada.

El registro realizado por investigadores del CONICET aporta una primera evidencia de que, al menos en esta especie, los desplazamientos podrían ser mucho mayores de lo que se creía. “Nos sorprendió la magnitud del movimiento. Algunas especies, las más grandes, pueden moverse distancias mucho mayores a lo largo de los sistemas fluviales, de lo que se asumía previamente”, comentó Luis Lucifora, investigador en el Instituto Nacional de Limnología (INALI-CONICET) a la Agencia CTyS-UNLaM.

Hasta ahora, los antecedentes disponibles para otras rayas de agua dulce sudamericanas mostraban movimientos de hasta ocho kilómetros, incluso después de un año de seguimiento, indicaron desde el equipo.

El ejemplar que recorrió al menos 170 kilómetros entre un arroyo de la llanura de inundación del Paraná y el río Gualeguay, en Entre Ríos. Foto: gentileza investigadores.

Ciencia ciudadana: cuando los pescadores también hacen ciencia

El proyecto cuenta con una participación fundamental: los pescadores recreativos. “En dos temporadas se marcaron más de 50 rayas a lo largo de 650 kilómetros de la llanura de inundación del Paraná, en Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires” reveló Martín Vázquez, también investigador en el INALI y primer autor del trabajo.

“Si bien nosotros realizamos campañas para marcar rayas, sin la colaboración de los pescadores el proyecto no tendría ni la extensión geográfica, ni la cantidad de rayas marcadas que tiene”, detalló.

En dos temporadas ya fueron marcadas más de 50 rayas a lo largo de 650 kilómetros. Foro gentileza investigadores.

Cómo se realizó el seguimiento de la raya gigante

Para seguir sus desplazamientos, el equipo utilizó marcas tipo dardo que quedan sujetas a la musculatura del animal. “Cada marca tiene un número que identifica a la raya marcada y se detalla la información de contacto. Quien encuentre a ese ejemplar pueda enviarnos la información de número de marca, fecha y lugar de recaptura”, explicó Lucifora.

“Con este método, conocemos la fecha y el lugar de marcado y de recaptura. También podemos medir una distancia mínima recorrida entre esos puntos, a través de la red fluvial”, agregó el doctor en Ciencias Biológicas.

Investigadores Luis Lucifora y Martín Vázquez (CONICET-INALI).

La hembra en cuestión había sido marcada por los pescadores Daniel Doroni y Franco Romagnoli en un arroyo de la llanura de inundación del Paraná, frente a la localidad santafesina de Villa Constitución. La recaptura fue unos nueve meses y medio más tarde por el pescador José María Villoldo en el río Gualeguay, frente a la ciudad entrerriana homónima.

Una especie vulnerable frente a la sobrepesca

El estudio publicado en la revista científica Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems asegura que la importancia del hallazgo va más allá de conocer cuánto puede desplazarse este animal.

Según los expertos, esta especie es particularmente sensible a la sobrepesca. Incluso de acuerdo a los registros oficiale,s su abundancia en el Paraná disminuyó asociada a la presión pesquera. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la categorizó como “vulnerable”, una de las categorías consideradas como amenazadas de extinción.

Además, aproximadamente dos tercios de la distribución mundial de la raya gigante se encuentran en Argentina. “Como país, tenemos una gran responsabilidad en la conservación de la raya gigante. Es clave la importancia que tiene el territorio argentino para la distribución global de la especie”, advierte Lucifora.

El nuevo registro también puede tener consecuencias para las estrategias de conservación. Si los individuos de distintas zonas pueden desplazarse y mezclarse, ya no sería suficiente pensar en poblaciones pequeñas y aisladas.

“Al menos para las especies grandes, como la raya gigante, los planes de manejo y conservación tal vez tengan que pensarse a escalas mayores. Por ejemplo, a nivel de cuenca o de tramos extensos de grandes ríos, como el Paraná”, sostiene el investigador.

De confirmarse este patrón, también podría ser necesaria una coordinación entre las provincias, ya que la pesca de agua dulce es administrada de manera independiente por cada jurisdicción.

Cómo continúa el seguimiento

“Por ahora, este hallazgo es una anomalía que llama la atención. Debemos recolectar más evidencia para confirmarla o no y tener una idea más precisa de cuál es la escala de conservación adecuada para la raya gigante”, concluyó Lucifora.

El equipo continuará con el programa de marcado y recaptura. A medida que se acumulen nuevos registros, esperan identificar patrones de movimiento, posibles ciclos de migración y tasas de crecimiento directamente en la naturaleza. De esta forma, el objetivo final es comprender de manera integral la ecología de la especie y desarrollar un plan de manejo y conservación basado en evidencia científica.

Agustina Lima – (Agencia CTyS-UNLaM)