Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Feliz domingo para todos. La semana política nos dejó debates intensos y señales claras de las tensiones que atraviesa el país. En el Senado ingresó la llamada reforma laboral, o modernización laboral, mientras en Diputados se discutió el presupuesto 2026, la ley de leyes, que finalmente fue aprobado con un revés para el oficialismo en el artículo 11. Allí, la voz de las universidades y de las personas con discapacidad volvió a marcar un límite que no puede ser ignorado.
En paralelo, la Agencia Nacional de Discapacidad reveló la existencia de casi 180 mil beneficios del Certificado Único de Discapacidad (CUD) que se seguían cobrando a nombre de personas fallecidas. El interventor, Dr. Alejandro Vilches, designado por el gobierno nacional, lleva adelante una auditoría que expone irregularidades y busca transparentar un sistema que debe estar al servicio de quienes realmente lo necesitan.
El clima político también se tensó en la Cámara Baja del Congreso Nacional, con un cruce fuerte dentro de los bloques que integran la mayoría oficialista. Desde la conducción parlamentaria del PRO se expresó enojo y se anticiparon denuncias por anomalías en el funcionamiento legislativo de la Libertad Avanza. Esa misma rispidez se refleja en el plano local, donde las discusiones entre el Ejecutivo y concejales del HCD evidencian distancias que persisten aun después de acuerdos recientes. La política se muestra áspera en este cierre de 2025, con disputas que bajan desde lo nacional hasta nuestro propio territorio.
Sin embargo, no todo es política. Esta semana nos convoca la Navidad. La Nochebuena nos invita a reunirnos en familia, a compartir la mesa y los afectos, a dejar de lado las tensiones y reencontrarnos en la fraternidad. El verdadero sentido de la Navidad es Jesús, como se propaló en el lema de ACIERA esta semana, en su mensaje de amor y paz. No se trata solo de luces y regalos, sino de abrir el corazón a la fe y a la solidaridad. Jesús nos recuerda que la grandeza está en servir, en acompañar al que sufre, en ser luz en medio de la oscuridad.
Recordaremos que en Belén nació el Salvador de la humanidad. Hoy, en estas Navidades tan complejas y difíciles para el mundo, teñidas de guerras, divisiones, traiciones, suicidios y violencias múltiples, encontrar una esperanza de paz interior significa el ofrecimiento personal de permitirle a Dios que “vuelva a nacer en cada interior, en cada corazón” dispuesto para ser recibido por los seres humanos, solo por medio de un simple acto de fe.
En una semana de debates intensos y noticias que nos interpelan, la Navidad nos ofrece un horizonte distinto. Que podamos celebrar con gratitud, con esperanza y con el compromiso de construir una sociedad más justa y humana. Porque al final, tras las tensiones del Congreso Nacional, el camino nos conduce hasta Belén. Allí no hay disputas ni mezquindades, sino el nacimiento de la verdadera política: la del amor, la paz y la esperanza que Jesús vino a sembrar.
Que tengamos una bendecida semana… Feliz Navidad.
Al que le quepa el sayo…






