Un estudio académico documentó la notable reducción del macizo de hielo en solo 124 años. La velocidad del derretimiento se triplicó a partir de los ‘70s debido al cambio climático. El fenómeno es parte de una tendencia de retracción global de estos cuerpos helados.

Fotos gentileza Anneris Stieben

Las temperaturas del planeta aumentan y los glaciares se derriten a un ritmo alarmante. Se pierden sitios turísticos, cae la disponibilidad de agua dulce. En Tierra del Fuego, el Glaciar Alvear se contrae año tras año. Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) documentó este proceso: entre 1900 y 2024, el macizo perdió el 80% de su área y su longitud cayó a la mitad. La tasa de retracción se triplicó desde 1970, impulsada por el cambio climático. Mientras el Gobierno argentino busca ‘flexibilizar’ la Ley Nacional de Glaciares, ¿se puede hacer algo por nuestros gigantes de hielo?

Distribución de los glaciares argentinos. Fuente: elaboración propia a partir del ING

Los glaciares existen en un gran número de países y constituyen la principal reserva de agua dulce para consumo humano. Además de regular el ciclo hidrológico, sostienen economías y ecosistemas. Sin embargo, están retrocediendo de manera acelerada a escala global, y la Argentina no es la excepción.

“Nuestro Inventario Nacional de Glaciares identificó un sistema de casi 8.500 km² de hielo en los Andes y las Islas del Atlántico Sur, un área equivalente a 42 veces la ciudad de Buenos Aires. Y está documentado que estos cuerpos de hielo están desapareciendo debido a los cambios en el clima”, afirmó Anneris Stieben, Ingeniera en Recursos Hídricos recientemente egresada de la Especialización en Teledetección de la Escuela para Graduados FAUBA.

En este marco, Stieben ejemplificó el proceso a escala local. “El Glaciar Alvear queda cerca de Ushuaia y es un hito turístico importante por la belleza del paisaje y porque la gente hace trekking y caminatas. El problema es que el aumento de las temperaturas medias lo está derritiendo”, sostuvo Anneris.

¿Cómo se llegó a esta situación? Para responder, la investigadora analizó la evolución del glaciar desde 1900 —el fin de la última ‘Pequeña Edad de Hielo’— hasta 2024. Se basó en imágenes satelitales, y también en recorridas a pie. “Esas salidas fueron necesarias para delimitar la superficie glaciar histórica, ya que, obviamente, no hay imágenes satelitales de ese período frío”, aclaró.

Ubicación geográfica del glaciar Alvear

Los resultados de Anneris fueron contundentes. “En 124 años, el macizo perdió el 80% de su superficie. Pero esa pérdida no ocurrió siempre a la misma velocidad. Hasta 1979, solo se redujo a razón de 1 hectárea por año; después, la tasa ascendió a 3,5 hectáreas al año, en promedio”, detalló Stieben.

En cuanto a su extensión, el glaciar se acortó un 50%: pasó de 2,3 km a 1,1 km. “El retroceso fue máximo entre 1999 y 2004, con 62 metros por año”, precisó.

Para Stieben, el motor del colapso es el aumento de la temperatura media y la disminución de las lluvias documentado desde 1991. “La consecuencia es que hoy el glaciar está partido en dos. El proceso es irreversible: salvo que ocurra una nueva glaciación —lo cual podemos descartar a corto plazo—, el Alvear tiene sus días contados”, sentenció.

El nacimiento de nuevos paisajes

La retracción del Glaciar Alvear deja marcas más allá del hielo. “Ir al Alvear era también visitar las Cuevas del Alvear, un lugar hermoso que desapareció antes de 2019, del que aún quedan vestigios. Esa pérdida no fue solo turística, sino también social, porque la comunidad fueguina las sentía como propias”, señaló Anneris Stieben.

Las Cuevas del Alvear eran una atracción turística que se perdió alrededor del 2009 con la retracción del glaciar

Pero el mismo proceso que borra hitos también esculpe nuevos paisajes. El ejemplo más claro es la Laguna Celeste, un espejo de agua de alta montaña que no existía hace décadas y que hoy se ha convertido en un mirador natural de gran impacto visual.

La Laguna Celeste se formó a partir del derretimiento del glaciar Alvear debido al aumento de las temperaturas medias en la región

“Esta laguna existe porque el glaciar, al derretirse, llenó la cavidad rocosa que él mismo había excavado. Su presencia es la prueba de que el glaciar se reduce —observó Anneris—. El paisaje se transforma todo el tiempo: le decimos adiós a las cuevas de hielo y le damos la bienvenida a una nueva laguna. A los efectos turísticos, funciona: es hoy una gran atracción para el visitante”.

Proteger y gestionar

Entre 2011 y 2018, el Inventario Nacional de Glaciares —elaborado por el IANIGLA— identificó y delimitó las zonas protegidas por la Ley Nacional de Glaciares, e informó el estado de las reservas hídricas del país. También reveló un dato clave: algunos glaciares perdían más hielo del que ganaban. Frente a este escenario, Stieben tiene clara la hoja de ruta.

“Por un lado, es necesario fortalecer el resguardo legal de zonas de recarga y regulación natural con restricciones a las actividades extractivas o de alto impacto. Aunque existe la Ley de Glaciares, se la quiere modificar. Es un riesgo latente para la preservación de estos ambientes”, puntualizó.

“Por el otro, hay que terminar de actualizar el inventario. La tarea es ardua y compleja, pero se está trabajando bien, más allá de la escasez de recursos humanos y económicos. También pienso que sería conveniente que las distintas provincias monitoreen los glaciares más pequeños, tal como hace Tierra del Fuego con el Martial y el Vinciguerra”, sostuvo.

El estado del glaciar Vinciguerra es monitoreado por la provincia de Tierra del Fuego. Foto: Secretaría de Turismo Ushuaia-Andrés Camacho

Sin embargo, la ingeniera advirtió que actualizar los balances hídricos no es suficiente. “Se debe redefinir la disponibilidad futura del recurso hídrico, tanto para garantizar el abastecimiento aguas abajo como para elaborar planes de contingencia ante inundaciones o sistemas de alerta temprana”.

Y agregó: “Es clave anticipar los impactos asociados a la desaparición de un glaciar, integrando la planificación urbana y el ordenamiento hídrico. Esto permitirá adaptar y hacer más eficiente la infraestructura para, por ejemplo, proveer agua potable o regar”.

Para Anneris, herramientas como los Planes de Gestión Integrada de Recursos Hídricos son fundamentales. Se trata de instrumentos de planificación pública que buscan manejar el agua y el entorno glaciar equilibrando lo económico, lo ecológico y lo social a nivel de cuenca.

Stieben concluyó con una mirada a futuro: “Mi idea es abordar cómo manejar la desaparición de glaciares en la zona urbana de Ushuaia, con una visión de planificación urbana adaptativa y resiliente. Es un aspecto necesario y pendiente que quiero desarrollar. Viví allí y me gustaría hacer ese aporte al lugar”.

Por: Pablo Roset (SLT-FAUBA)