En un contexto de creciente crisis climática, especialistas advierten que el planeta enfrenta un escenario de “bancarrota hídrica”, con consumo por encima de la capacidad natural de reposición. El Colegio de Nutricionistas bonaerense remarcó la relación directa entre agua, salud y producción de alimentos.

A 33 años de la creación del Día Mundial del Agua por parte de la ONU, el Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires volvió a poner en agenda la importancia de este recurso esencial. La evidencia científica es contundente: en los últimos informes del organismo internacional aparece un concepto cada vez más preocupante, el de “bancarrota hídrica global”, que describe regiones donde se consume más agua de la que los sistemas naturales pueden reponer.

Desde comienzos del siglo XXI, la disponibilidad de agua dulce a nivel mundial se redujo alrededor de un 20%, producto del deterioro de su calidad y de una gestión ineficiente. A esto se suma que cerca del 75% de la población mundial vive en países con algún grado de inseguridad hídrica, lo que evidencia que el problema ya no es solo la escasez, sino también el agotamiento estructural de las reservas.

En este escenario, la licenciada en Nutrición Ana Laura Vera (MP 8107), integrante del Colegio de Nutricionistas bonaerense, subrayó la relación directa entre agua y producción de alimentos. “Alrededor del 70% del agua dulce disponible se utiliza en la agricultura. Esto convierte al agua en un factor crítico para la seguridad alimentaria global”, señaló.

Cuando el acceso al agua es limitado, disminuyen los rendimientos agrícolas, aumentan los precios de los alimentos y crece la vulnerabilidad alimentaria. A ello se suma el incremento de enfermedades infecciosas asociadas al consumo de agua no segura y a condiciones deficientes de higiene, especialmente diarreas y gastroenteritis, que impactan directamente en el estado nutricional. Según la OMS, estas patologías representan una de las principales causas de morbilidad en poblaciones vulnerables.

Argentina cuenta con importantes reservas hídricas, aunque enfrenta desafíos vinculados a su gestión y a la desigualdad territorial en el acceso. El Inventario Nacional de Glaciares registra 16.968 cuerpos de hielo que cubren 8.484 km², equivalentes a 41 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires. Estos glaciares almacenan agua dulce, alimentan ríos de montaña y sostienen sistemas de riego y producción agrícola, especialmente en años secos.

Lejos de ser simples paisajes turísticos, los glaciares constituyen la segunda mayor reserva de agua dulce del país, después del Acuífero Guaraní, uno de los sistemas subterráneos más grandes del mundo y fuente de abastecimiento para millones de personas en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

En este contexto, la discusión sobre su protección trasciende lo ambiental y se vincula directamente con la salud, la alimentación y el futuro. “Desde el punto de vista fisiológico, el agua es un nutriente esencial. Incluso niveles leves de deshidratación pueden afectar el rendimiento físico, la función cognitiva y el bienestar general”, explicó Vera.

La nutricionista remarcó que la seguridad alimentaria comienza mucho antes de que un plato llegue a la mesa. “El agua es el pilar invisible de los sistemas alimentarios. Sin agua no hay cultivos, no hay ganadería y no hay alimentos seguros”, afirmó. También recordó que las recomendaciones de consumo diario se refieren siempre a agua segura y apta para consumo humano.

Vera advirtió que, aunque las decisiones individuales son importantes, la verdadera transformación depende de políticas públicas que definan cómo se gestiona el recurso. “Si la protección del agua se pone en discusión, lo que realmente está en juego no es el ambiente, sino el futuro de todos”, sostuvo.

En entornos urbanos, el acceso al agua suele estar naturalizado, lo que invisibiliza su origen y su disponibilidad real. Sin embargo, millones de personas en el mundo viven con acceso limitado o inseguro, lo que condiciona su salud, su alimentación y su calidad de vida.

Desde el Colegio de Nutricionistas bonaerense insistieron en que la alimentación saludable no puede pensarse de manera aislada: depende de factores estructurales, entre ellos el acceso al agua. La producción, el procesamiento, la preparación y la inocuidad de los alimentos requieren agua en cada etapa.