Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Buen domingo para todos. Entre la pasión de un Mundial, las exigencias de la vida pública, la defensa de la libertad de prensa y el recuerdo de nuestros héroes nacionales, los argentinos volvemos a preguntarnos qué valores siguen siendo capaces de reunirnos detrás de una misma bandera.

El Mundial ya está en marcha. Durante unas semanas, el planeta volverá a hablar un idioma común. Habrá discusiones, pronósticos, alegrías y frustraciones. En tiempos donde abundan los enfrentamientos y las grietas, el fútbol conserva esa extraña capacidad de reunir frente a una pantalla a personas que no coinciden en casi nada, salvo en el deseo de ver ganar a su selección. Argentina, campeona vigente, vuelve a ilusionarse. Y millones de argentinos también.

La Copa del Mundo 2026 comenzó oficialmente con una inédita organización compartida entre México, Estados Unidos y Canadá, los tres países anfitriones de un torneo que por primera vez reúne a 48 selecciones. La Selección Argentina llega con el orgullo y la responsabilidad de defender el título conquistado en Qatar 2022, aquella inolvidable conquista que devolvió al país a la cima del fútbol mundial después de 36 años.

El debut será el próximo martes frente a Argelia. Y quizás la expectativa vaya más allá del resultado. Lionel Messi vuelve a ser el centro de todas las miradas y millones de argentinos viven este Mundial con una sensación especial: la posibilidad de estar presenciando los últimos capítulos mundialistas del mejor futbolista de todos los tiempos. Nadie sabe si será su despedida definitiva de las Copas del Mundo, pero todos saben que el tiempo pasa. Por eso cada partido parece tener un valor distinto. No será solamente el comienzo de una nueva aventura deportiva, sino una nueva oportunidad para disfrutar a una generación que ya hizo historia y a un capitán que logró algo pocas veces visto: unir a un país entero detrás de una misma camiseta.

Mientras tanto, lejos de los estadios y de las tribunas, la política continúa ofreciendo sus propios motivos de discusión. La controversia generada en torno a la declaración jurada de Manuel Adorni volvió a instalar un debate que excede a un funcionario y alcanza a toda la dirigencia argentina. En una sociedad cansada de promesas incumplidas, contradicciones y sospechas permanentes, cada episodio de este tipo profundiza la desconfianza ciudadana y alimenta una demanda cada vez más fuerte de transparencia, coherencia y responsabilidad por parte de quienes ejercen cargos públicos.

Y si de confianza se trata, la semana también dejó espacio para reflexionar sobre el periodismo. El pasado 7 de junio se celebró el Día del Periodista y, como suele ocurrir, hubo reconocimientos, saludos y encuentros. Algunos más formales, otros más austeros, tal fue el caso del Municipio de Zárate. EL DEBATE recibió numerosas muestras de afecto, entre ellas una especial distinción otorgada por la Sociedad Española de Socorros Mutuos de Zárate durante los actos por su 142º aniversario, además de diversos reconocimientos personales y profesionales, de instituciones, empresas —entre ellas Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA)— y vecinos que valoran una tarea que este medio viene desarrollando desde hace ya 126 años.

Pero más allá de los homenajes, la fecha invita a una reflexión más profunda. En tiempos donde las redes sociales, la inmediatez y la propaganda muchas veces se confunden con información, sigue siendo necesario reivindicar el valor del periodismo profesional. Porque la libertad de prensa no es un privilegio de los medios ni de los periodistas; es, fundamentalmente, un derecho de la sociedad. El derecho de cada ciudadano a recibir información, a conocer distintas miradas y a formarse una opinión propia.

La semana que comienza también nos invita a mirar hacia nuestra historia. Aunque este año el feriado se traslada al lunes, cada 17 de junio la Argentina recuerda al general Martín Miguel de Güemes, uno de los grandes héroes de la independencia nacional. Al frente de sus “Infernales”, defendió las fronteras del norte argentino de las invasiones realistas y fue una pieza clave para que José de San Martín pudiera llevar adelante la campaña libertadora hacia Chile y Perú.

Güemes murió en 1821, a los 36 años, tras haber sido herido en combate, pero su legado de coraje, patriotismo y compromiso con la libertad permanece vigente. Durante mucho tiempo fue uno de los próceres menos reconocidos de nuestra historia, aunque hoy ocupa el lugar que merece entre quienes ayudaron a construir la Nación.

Entre las gestas de aquellos hombres que lucharon por la independencia, el trabajo cotidiano de quienes tienen la responsabilidad de informar, las exigencias que la sociedad plantea a sus dirigentes y la ilusión que vuelve a despertar una camiseta celeste y blanca, existe un hilo común: la confianza. La confianza en los valores, en las instituciones, en las personas y también en los sueños colectivos.

Celebremos entonces a Güemes y su legado. Disfrutemos el debut de Argentina y la ilusión de una nueva Copa del Mundo. Y ojalá sepamos recuperar, en cada ámbito de la vida pública, esa confianza que tantas veces parece ausente y que tanta falta nos hace.

Que tengamos una bendecida semana.

AL QUE LE QUEPA EL SAYO…