Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Feliz domingo para todos. Hay semanas en las que distintas noticias, aparentemente sin relación entre sí, terminan llevándonos a una misma pregunta: ¿qué futuro estamos construyendo?

Mientras la tierra vuelve a sacudirse en distintos puntos de América, las estadísticas muestran que cada vez nacen menos chicos en buena parte del planeta, el fútbol nos deja una dura sanción de la FIFA, Zárate atraviesa con preocupación la situación de CADU y, al mismo tiempo, nuestra ciudad vuelve a recuperar servicios y espacios de encuentro que parecían perdidos.

En las últimas semanas, Venezuela, Colombia y ahora Perú fueron escenario de importantes terremotos. El último ocurrió en la región peruana de Ayacucho, con una magnitud cercana a 7,2, después del sismo de 7,4 que había golpeado Colombia y de los movimientos de 7,5 registrados anteriormente en Venezuela. La imagen impresiona y naturalmente nos lleva a preguntarnos si la actividad sísmica seguirá recorriendo la cordillera de los Andes y si llegará también a Bolivia, Chile y Argentina. Si bien los especialistas advierten que estos terremotos no están directamente conectados entre sí y que no es posible anticipar dónde ocurrirá el próximo, lo que sí podemos hacer es prepararnos mejor, porque la prevención siempre será más inteligente que esperar una tragedia para reaccionar.

Pero hay otro movimiento mucho más silencioso que debería preocuparnos todavía más: el demográfico. En países como Japón y otros, las muertes prácticamente duplican a los nacimientos y la población se achica aceleradamente. No es solamente un problema japonés. La caída de la natalidad ya atraviesa a numerosas sociedades desarrolladas y plantea una pregunta que debería ocupar mucho más espacio en las agendas políticas: ¿qué sucede cuando una sociedad deja de renovarse? Menos niños significan, con el tiempo, menos trabajadores, más presión sobre los sistemas previsionales y una sociedad cada vez más envejecida. El futuro de la humanidad también se juega en algo tan sencillo y trascendente como la cantidad de chicos que nacen. En la Argentina, esta transformación demográfica ya dejó de ser una proyección: en 2024 nacieron 413.135 niños, casi un 46% menos que en 2015, y la caída ya empieza a sentirse en jardines y escuelas primarias y, progresivamente, también se proyectará sobre el mercado laboral y social.

Y hablando de chicos, el fútbol argentino acaba de recibir una de esas noticias que nos recuerdan que ni siquiera una bandera queda afuera de las discusiones internacionales. La FIFA sancionó a la AFA con distintas multas, una de ellas de 321.000 dólares, y dispuso que los próximos dos partidos como local se jueguen con un aforo limitado al 50 por ciento. Entre las infracciones aparece la exhibición de la bandera con la leyenda “Las Malvinas son Argentinas”, mostrada después de la victoria frente a Inglaterra en la semifinal, además de otras conductas vinculadas con cánticos, discriminación y comportamiento de los jugadores.

Y aquí aparece una curiosa paradoja. Una bandera que para nosotros representa una reivindicación histórica y soberana terminó convirtiéndose, por decisión de la FIFA, en parte de una sanción económica. Son 321.000 dólares por una bandera que dio la vuelta al mundo. Si alguien me preguntara cuál fue la publicidad más efectiva y barata para recordarle al planeta que las Malvinas son argentinas, probablemente respondería: una sábana pintada a mano dentro de un hotel, convertida en bandera y exhibida en un estadio de los Estados Unidos en la semi final del mundo, frente a Inglaterra, los piratas. Nos costó cara la multa, pero nadie podrá decir que no la vio. Terminó siendo, paradójicamente, una de las publicidades más efectivas y “baratas” para nuestra reivindicación de soberanía sobre las Malvinas.

Mientras tanto, en Zárate tenemos una preocupación que duele mucho más cerca. CADU atraviesa una temporada muy complicada y se encuentra en zona de descenso a la Primera C después de haber descendido el año pasado de la Primera Nacional. El equipo acumula una larga serie de partidos sin ganar y la situación deportiva se ha convertido también en una preocupación institucional para un club que representa muchísimo más que once jugadores dentro de una cancha. Hace apenas un año hablábamos del Celeste en la segunda categoría del fútbol argentino y hoy estamos mirando hacia la cuarta, con preocupación, porque el riesgo de volver a perder otra categoría es concreto.

Ojalá quienes tienen responsabilidades dentro de CADU comprendan que todavía hay tiempo para reaccionar, porque una institución centenaria no puede resignarse a naturalizar una crisis deportiva, económica e institucional que termina afectando a toda una comunidad que se identifica con sus colores. Ayer volvimos a ganar; a creer, todavía es posible. Vamos CADU.

Y por eso resulta todavía más valioso que, en medio de tantas dificultades, los chicos sigan siendo protagonistas. Este domingo, el Parque Urbano vuelve a llenarse con la celebración del Día del Niño organizada por la Cooperativa Eléctrica y el Municipio de Zárate, después de una jornada similar realizada ayer por una iglesia evangélica. Más allá de quién organice, hay algo que merece ser celebrado: que haya chicos jugando, familias compartiendo y espacios públicos ocupados por la alegría. En un mundo donde cada vez nacen menos niños, como vimos al comienzo, nosotros todavía tenemos la obligación de cuidarlos, escucharlos y ofrecerles un futuro posible.

Y para cerrar esta última semana de agosto, hay también una buena noticia para Zárate. Desde el 1° de septiembre comenzará a operar Vía Rosario, recuperando la conexión de transporte interurbano con San Nicolás a través de la Ruta 9. La autorización provincial permitirá inicialmente cinco frecuencias diarias de ida y cinco de regreso, con paso por Lima, Baradero, San Pedro y Ramallo, y la empresa tendrá además su base operativa y taller en nuestra ciudad. Después de más de un año sin este servicio, no es solamente un colectivo que vuelve a pasar: es recuperar una conexión fundamental para trabajadores, estudiantes, familias y vecinos de toda la región.

Y quizá allí esté la respuesta a la pregunta con la que comenzamos. El futuro no se construye solamente mirando las grandes cifras del mundo, esperando que no tiemble la tierra o discutiendo cuánto cuesta una sanción internacional. También se construye cuidando a nuestros chicos, recuperando conexiones, sosteniendo nuestras instituciones y buscando que Zárate siga siendo una ciudad donde valga la pena vivir, trabajar, estudiar y crecer.

Porque mientras el mundo se pregunta qué futuro tendrá, nosotros tenemos una responsabilidad mucho más cercana: trabajar para que el futuro de Zárate sea un poco mejor que su presente.

Que tengamos una bendecida semana.

AL QUE LE QUEPA EL SAYO…