Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Feliz domingo para todos. Hay semanas en las que parece que el mundo entero se mueve debajo de nuestros pies. Esta fue una de ellas: Estados Unidos e Irán volvieron a tensar la cuerda, los terremotos golpearon distintos lugares del planeta, la guerra de Medio Oriente volvió a generar repercusiones en Zárate y, afortunadamente, nuestra ciudad también tuvo motivos para celebrar.

Mientras el mundo sigue pendiente de Medio Oriente, Donald Trump volvió a elevar la tensión con Irán al anunciar su intención de declarar al estrecho de Ormuz como territorio estadounidense una vez terminada la guerra, algo que Teherán rechazó de inmediato. Por ese estratégico paso marítimo circula una parte fundamental del petróleo mundial y cualquier interrupción prolongada puede tener consecuencias sobre millones de personas. Una vez más, las decisiones de unos pocos pueden terminar afectando a muchos.

Y mientras los hombres amenazan, la tierra también parece recordarnos nuestra fragilidad. Después de los terremotos que devastaron Venezuela, Colombia sufrió un sismo de magnitud 7,4 y ayer volvió a temblar la tierra en Granada, España. Frente a una guerra podemos reclamar paz y diplomacia; frente a una catástrofe natural solamente podemos prepararnos, ayudar y acompañar a quienes sufren.

Pero existen también otros terremotos, los que provocamos nosotros mismos cuando transformamos las diferencias en enfrentamientos.

Y allí aparece inevitablemente Zárate. La convocatoria prevista para este miércoles, con la presencia del embajador de Palestina, volvió a generar debate local a partir de las posiciones enfrentadas sobre la guerra en Medio Oriente. Es lógico que existan opiniones diferentes, pero no deberíamos permitir que una discusión internacional se transforme en otra grieta local. Desde esta columna hemos condenado el terrorismo de Hamas y también cuestionado las consecuencias desproporcionadas de la respuesta israelí sobre la población civil de Gaza. Las víctimas inocentes de un lado y del otro son seres humanos. Por eso, escuchar, debatir y preguntar siempre será mejor que descalificar. Necesitamos más diálogo y menos grieta.

Y justamente cuando hablamos de encuentros, Zárate acaba de vivir uno que merece ser destacado. Nuestra ciudad fue sede de una competencia internacional de básquet femenino que puso al Espacio DAM en el centro de la escena deportiva, con la consagración de las chicas argentinas que defendieron el título conquistado en la edición anterior. Pero el triunfo para Zárate fue todavía mayor: demostrar que ese espacio deportivo de nuestra costanera puede recibir acontecimientos de jerarquía internacional y convertirse en una verdadera vidriera para nuestra ciudad y toda la región. No solamente podemos mirar los grandes acontecimientos desde afuera; también podemos recibirlos y ser protagonistas.

Y mientras hablamos de terremotos, guerras y divisiones, llega otro domingo que nos invita a bajar un poco la velocidad. ¿Dónde está el sol? Hace varios días que los zarateños lo buscamos entre las nubes y la humedad y, justamente cuando muchas familias celebran el Día del Niño, tampoco parece dispuesto a mostrarse demasiado. La celebración, que durante algunos años fue denominada Día de las Infancias, volvió este año a presentarse como Día del Niño, recuperando una denominación profundamente instalada en la sociedad argentina y que atraviesa generaciones. Más allá del nombre, lo importante siguen siendo nuestros chicos, sus derechos, su felicidad y la posibilidad de crecer con oportunidades.

Mañana 17 de agosto recordaremos al General José de San Martín, el Padre de la Patria, al cumplirse un nuevo aniversario de su fallecimiento. Aquel hombre que cruzó los Andes y participó decisivamente en la liberación de Chile y Perú dejó una enseñanza que todavía conserva vigencia: los grandes objetivos requieren coraje, perseverancia y capacidad para mirar más allá de las dificultades del presente.

Quizá esa sea también la enseñanza de esta semana. Mientras el mundo se sacude con guerras, terremotos y divisiones, nosotros todavía tenemos la posibilidad de construir espacios de encuentro. Zárate puede hacerlo a través del deporte, de la cultura y del diálogo, entendiendo que pensar diferente no debería convertirnos en enemigos.

Porque el mundo puede seguir temblando y los hombres pueden seguir levantando muros, pero nosotros podemos elegir construir puentes.

Que tengamos una bendecida semana.

AL QUE LE QUEPA EL SAYO…