Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Buen domingo para todos.  Hay semanas que parecen preparadas para quedar en la memoria. Y esta es una de ellas, porque la Argentina comienza a caminar una nueva etapa después del Mundial de Norteamérica, donde fuimos subcampeones del mundo, mientras se acerca ese momento que durante veinte años parecía imposible de imaginar: la última vez de Lionel Messi con la camiseta celeste y blanca.

La Scaloneta inició el recambio, con nuevos nombres y la necesidad de construir lo que viene sin olvidar todo lo que acaba de terminar. Y quizás por eso esta semana tenga un protagonista excluyente: Messi.

La Selección comenzó esta nueva etapa con la goleada sobre Bolivia en Córdoba, donde varios jóvenes tuvieron la oportunidad de mostrarse. También cumplió la sanción que obligó a jugar con aforo reducido frente a Burkina Faso, en esta nueva ventana FIFA. Todo esto, sin embargo, queda en un segundo plano cuando pensamos en el martes.

Porque el martes no habrá un partido más. Habrá una despedida.

Lionel Messi jugará frente a Benín en el Monumental y vestirá por última vez la camiseta de la Selección Argentina. Las entradas se agotaron y millones de argentinos estarán pendientes de esa última aparición del capitán. Después de más de dos décadas, se irá mucho más que un futbolista. Se irá una imagen que acompañó alegrías, frustraciones y a una generación entera acostumbrada a buscarlo siempre dentro de la cancha.

Se retira el mejor. Al menos para millones de argentinos.

Lo vimos llegar siendo muy joven, crecer, perder finales, soportar críticas, volver a intentarlo y terminar levantando los trofeos que durante tantos años parecían imposibles: Copa América, Finalissima, Mundial y una nueva Copa América.

Pero Messi no solamente ganó partidos. También convivió con la derrota, con la presión y con una exposición que muy pocos deportistas argentinos soportaron durante tanto tiempo. Por eso adquiere especial significado la decisión de la Universidad de Buenos Aires de otorgarle el título de Doctor Honoris Causa, su máxima distinción honorífica, en reconocimiento a su trayectoria y a los valores que representa. La UBA destacó “excelencia, perseverancia, humildad y ejercicio ético” en el desarrollo de su actividad, además de su compromiso con la representación nacional. La distinción será entregada este martes 6 de octubre, antes de su despedida en el Monumental.

Y aquí aparece una reflexión que vale la pena hacer.

Durante años vimos a Messi bajo una lupa gigantesca. Cada gesto, cada palabra, cada error y cada acierto fueron observados y discutidos. Sin embargo, cuando uno repasa toda su historia en la Selección, probablemente el episodio más controvertido que recuerde sea aquella frase de Qatar: “¿Qué mirás, bobo? Andá pa’ allá, bobo”. Apenas unos segundos de bronca en medio de una competencia feroz. Eso, y nada más, en una carrera pública extraordinariamente extensa y expuesta.

Por eso tiene sentido que la UBA destaque precisamente la perseverancia, la humildad, el esfuerzo y el ejercicio ético de su profesión.

Se va Messi y con él comienza a despedirse una generación. Y aparece inevitablemente el otro Lionel: Scaloni.

Uno dentro de la cancha y otro en el banco. Messi y Scaloni. Los Lioneles.

Uno ya anunció su despedida. El otro deberá decidir cuánto más quiere seguir guiando el futuro de la Selección. Pero ambos quedarán unidos para siempre en una de las etapas más exitosas de la historia del fútbol argentino.

Por eso el martes será distinto. Habrá un Monumental colmado, homenajes, emoción y millones de argentinos frente a una pantalla para acompañar al capitán por última vez, ya convertido en Doctor Honoris Causa de la UBA. Y desde EL DEBATE queremos sumarnos a ese reconocimiento celebrando no sólo sus goles, títulos y récords, sino también el esfuerzo que hubo detrás de cada conquista.

Porque un chico que cargó durante años con la obligación de ser el mejor, cayó, volvió a levantarse y terminó alcanzando prácticamente todo lo que el fútbol puede ofrecer, deja una enseñanza que excede largamente a una pelota.

Y como seguimos en modo deportivo, Zárate también tiene una historia para contar.

El equipo zarateño que participa del denominado “Dakar argentino” participó esta semana de la 14.ª edición del Baja Rally, haciendo realidad un sueño de año y donde ya ganaron alguna de las etapa para nuestra alegría. Al frente del proyecto está Fabián Escutia, acompañado por Gustavo “Tato” González y un equipo que trabajó durante meses en la preparación del vehículo. Detrás de este desafío aparece también el respaldo de sponsors locales y de muchos vecinos que siguen de cerca esta aventura.

También en noviembre Zárate volverá a ser protagonista del deporte grande. La Confederación Argentina de Básquet confirmó que la quinta ventana clasificatoria rumbo al Mundial de Qatar 2027 se disputará en el Espacio DAM, donde Argentina enfrentará a Bahamas y Canadá los días 26 y 29 de noviembre, con jugadores de elite, entee ellos varios de la NBA. La decisión vuelve a demostrar que Zárate sigue consolidándose como sede de grandes acontecimientos deportivos.

Y saliendo del deporte, esta semana llegó una noticia extraordinaria para el futuro de nuestra ciudad. Toyota obtuvo la aprobación de su proyecto dentro del RIGI y avanzará con una inversión de 1.341 millones de dólares para producir un vehículo 100% electrificado en Zárate. Se trata de la mayor inversión anunciada hasta ahora para la industria automotriz argentina y de un proyecto que generará empleo, actividad económica y exportaciones durante los próximos años.

Y antes de despedirnos, desde EL DEBATE queremos volver a sumarnos a la cadena de oración por la salud y recuperación de Marisa Plaza, gravemente herida junto a otra agente policial mientras respondía a un pedido de ayuda en el barrio La Campiña.

Las últimas noticias son alentadoras. Marisa ya no requiere asistencia respiratoria ni sedación, permanece consciente y no presenta afectación de la movilidad ni de la visión. Su compañera también se encuentra fuera de peligro. Seguimos acompañando a Marisa, a su familia, a sus compañeros y a todos quienes desde Zárate están rezando por su recuperación.

Pero hoy, por encima de todas estas noticias, hay una camiseta que ocupa el centro de la escena: la celeste y blanca.

Y un hombre que el martes se la volverá a poner por última vez.

Todos a el Monumental, escuchar el himno, ver salir al número 10, emocionarnos hasta las lágrimas y entender que estamos frente a una escena que dentro de muchos años seguiremos recordando: “Yo vi el último partido de Messi con la Selección”.

Del Octubre Rosa, hablaremos el domingo. Hoy todo es Celeste y Blanco.

Que tengamos una bendecida semana.

AL QUE LE QUEPA EL SAYO…