Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Buen domingo para todos.

Hay momentos en que un país parece ponerse en movimiento por distintas razones al mismo tiempo. La fe convoca multitudes, el fútbol vuelve a dividir pasiones y unir conversaciones, los grandes ídolos regresan a la memoria colectiva y, mientras tanto, la naturaleza nos recuerda que existen cuestiones que requieren nuestra atención permanente. Son expresiones diferentes, pero todas hablan de una misma sociedad: una sociedad que siente, que recuerda, que celebra, que espera y que se moviliza.

Ayer sábado 31 de octubre, las iglesias evangélicas y protestantes conmemoraron un nuevo aniversario de la Reforma iniciada por Martín Lutero en 1517. En distintos puntos del país, y también en Zárate, se desarrollaron las tradicionales Caminatas de Jesús, una manifestación pública de fe que reúne a miles de personas. Más allá de las creencias individuales, estos encuentros reflejan una realidad que atraviesa a nuestra comunidad: la necesidad de expresar convicciones, compartir valores y encontrar espacios de encuentro.

Esa capacidad de convocatoria volverá a manifestarse en pocos días con la visita del papa León XIV a la Argentina, que se extenderá del 8 al 11 de noviembre. Casi cuatro décadas después de la última visita de un pontífice a nuestro país, la expectativa es enorme. La presencia papal excede el plano religioso y se transforma en un acontecimiento social e institucional capaz de congregar a miles de personas y generar una atención nacional pocas veces vista.

Pero si hay algo que también moviliza a los argentinos, es el fútbol.

Esta tarde Boca y River protagonizarán una nueva edición del Superclásico. Durante toda la semana se habló de tácticas, alineaciones, antecedentes y estadísticas. Sin embargo, los clásicos suelen demostrar que ninguna previsión es definitiva. En nuestro país el fútbol es mucho más que un deporte. Es una parte de la identidad cultural, una conversación permanente que atraviesa generaciones y reúne a millones delante de una pantalla, en una cancha o en una mesa familiar.

La semana también nos llevó a recordar a Diego Armando Maradona, quien el viernes 30 de octubre habría cumplido 66 años. Su figura continúa generando admiración, discusiones y sentimientos encontrados. Maradona fue mucho más que un futbolista: representó una época, una manera de entender el fútbol y una historia personal que todavía conmueve a millones de argentinos. Mientras tanto, el proceso judicial por las circunstancias de su muerte continúa su curso y, luego de finalizado el debate, se espera que el tribunal dé a conocer su decisión el próximo 22 de diciembre. Una historia que sigue teniendo una enorme repercusión pública.

Y hablando de fútbol, también corresponde mencionar a Lionel Messi. En la reciente elección del Balón de Oro 2026, el capitán argentino finalizó en el quinto lugar, mientras que el reconocimiento principal quedó en manos de Harry Kane. Messi, que ya cuenta con ocho Balones de Oro, no pudo sumar el noveno, pero a esta altura de su extraordinaria carrera ningún resultado ni ningún trofeo podrán modificar el lugar que ocupa en la historia del fútbol mundial.

Pero mientras el país se concentra en estos acontecimientos que despiertan emociones y ocupan buena parte de la conversación pública, existen otras cuestiones que también merecen atención. Quizá no despierten la misma pasión, pero tienen un impacto directo en nuestra vida cotidiana.

Me refiero al comportamiento del clima y a la evolución de los ríos de nuestra región.

Con el comienzo de noviembre, los especialistas recomiendan observar la influencia que podría tener el fenómeno de El Niño sobre las precipitaciones y los caudales de agua. Para quienes vivimos en Zárate, hablar del río nunca es una cuestión menor. Nuestra historia está íntimamente ligada al Paraná y sabemos, por experiencia propia, que determinadas combinaciones de lluvias, crecidas y sudestadas pueden generar situaciones complejas.

Precisamente, hay un factor que merece especial atención y que los especialistas conocen muy bien: la necesidad de que no se produzca una sudestada. Los vientos persistentes del sudeste empujan el agua hacia el interior y pueden dificultar el escurrimiento del Paraná de las Palmas, generando un efecto de remanso frente al caudal que viene descendiendo desde el norte. Es una situación que Zárate ha vivido en distintas oportunidades y cuya incidencia no debemos desconocer.

No se trata de generar alarma, sino de prestar atención a la información oficial, comprender los fenómenos que nos rodean y aprender de lo que ya hemos vivido. La prevención y el seguimiento de estas variables son fundamentales para nuestra comunidad.

La fe moviliza. El fútbol moviliza. Los grandes acontecimientos convocan. Pero también deben movilizarnos aquellas cuestiones que afectan directamente a nuestras familias y a nuestra comunidad.

Así transcurre esta semana en la Argentina: entre expresiones religiosas, visitas históricas, clásicos apasionantes, recuerdos imborrables y la mirada puesta en la naturaleza. Temas distintos, pero unidos por una misma característica: todos, de una manera u otra, nos ponen en movimiento. Porque la fe moviliza, el fútbol moviliza, la memoria moviliza y también debe movilizarnos aquello que afecta la vida cotidiana de nuestras comunidades.

Que tengamos una bendecida semana.

AL QUE LE QUEPA EL SAYO…