Por Claudio Valerio – En el vientre de una mamá había dos bebés. Uno le dice al otro: ¿Tu crees en la vida después del parto? A lo que respondió el otro: Claro que si. Tiene que haber algo después del parto. Tal vez estamos aquí para prepararnos para lo que más tarde vendrá. Tonterías, dice el primero. No hay vida alguna después del parto. ¿Que clase de vida sería esa?
El segundo dice:
No lo sé, pero habrá más luz de la que hay aquí. Tal vez luego podremos caminar con nuestras propias piernas y comer con nuestras bocas. A lo mejor tendremos otros sentidos, que no podemos entender ahora.
El primero contesta: Eso que dices es absurdo.
Caminar es imposible y,
¿Comer con la boca dices?. El cordón umbilical nos nutre y nos da todo lo demás que necesitamos.
El cordón umbilical es demasiado corto. La vida después del parto es imposible.
Pero el segundo bebé insistió:
Bueno, yo pienso que hay algo y tal vez sea diferente de lo que hay aqui. Entonces ya no necesitaremos de este tubo físico.
El escéptico primero contestó:
Tonterías. Además; de haber realmente vida después del parto, entonces, ¿por que nadie jamás regresó de allá?. El parto es el fin de la vida y en el post parto no hay nada más allá de lo oscuro, del silencio, y del olvido. Él no nos llevará a ningún lugar.
Bueno, yo eso no lo se, contestó el segundo, pero con seguridad vamos a encontrarnos con Mamá y ella nos cuidará.
Mamá, contestó el primero, mamá…
¿tu crees realmente en ella? Eso esa ridículo.
Si mamá existe, entonces ¿donde está ella ahora?
Le contesta el segundo y dice:
Ella está a nuestro alrededor. Estamos rodeados por ella.
Nosotros somos de ella.
Es en ella donde vivimos. Sin ella este mundo no sería y no podría existir.
Dice entonces el primero:
Bueno, yo no puedo verlo, luego es lógico que ella no exista.
El segundo responde:
A veces, cuando tu estás en silencio, si te concentras y tú realmente escuchas, tu podrás percibir su presencia y escuchar su voz amorosa”.






