Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Buen domingo para todos. Hay semanas que dejan noticias. Y hay semanas que dejan heridas…
Porque el país termina una nueva semana conmocionado por una historia que nadie hubiera querido escribir. Otra vez una menor de edad en el centro de una tragedia. Otra vez una desaparición. Otra vez una búsqueda desesperada. Otra vez una familia destruida. Y otra vez una sociedad que se pregunta cómo pueden ocurrir estas cosas mientras la respuesta parece perderse entre expedientes, investigaciones y responsabilidades que siempre llegan tarde.
El caso de Agostina Vega volvió a poner sobre la mesa una realidad dolorosa y recurrente. Una adolescente de apenas 14 años que desaparece y que días después es encontrada sin vida. Un hecho que movilizó a toda una comunidad y que despertó una enorme conmoción en todo el país. Pero también una tragedia que vuelve a exponer situaciones familiares complejas, entornos conflictivos y la vulnerabilidad de tantos niños y adolescentes que muchas veces quedan atrapados en realidades que los adultos deberían evitarles.
Y cuando hablamos de Agostina es imposible no pensar en Loan Danilo Peña. El pequeño correntino que desapareció hace casi dos años y que todavía sigue siendo buscado. El tiempo pasa, las investigaciones avanzan, los responsables enfrentan procesos judiciales, pero Loan sigue sin aparecer. Como ocurre con Sofía Herrera y otros casos que marcaron a la Argentina, la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué pasó?
Lo más preocupante es que la indignación parece tener fecha de vencimiento. Durante algunos días los medios hablan de un tema, las redes sociales se llenan de mensajes, los funcionarios prometen respuestas y la sociedad acompaña. Pero rápidamente aparece una nueva noticia, una nueva polémica o una nueva preocupación y aquello que parecía conmovernos a todos comienza lentamente a desaparecer de la agenda pública.
Y hablando de temas que ocuparon los titulares durante esta semana, Zárate también volvió a aparecer en los medios nacionales por cuestiones que generaron repercusiones políticas y judiciales. La detención de un asesor vinculado a la gestión municipal en un operativo contra la caza furtiva en el Delta generó un fuerte impacto local y rápidamente trascendió las fronteras de la ciudad.
El procedimiento, donde además se hallaron animales silvestres faenados, armas y embarcaciones, se sumó a otros episodios recientes vinculados al área de Seguridad municipal. Entre ellos, la detención del hijo del subsecretario del área, quien posee antecedentes penales y fue aprehendido en un hecho de características delictivas, situación que llevó al intendente Marcelo Matzkin a desafectarlo de sus funciones hasta que la Justicia determine si existe o no algún vínculo entre los hechos investigados y el desempeño del cargo.
Como corresponde en un Estado de Derecho, será la Justicia la que determine responsabilidades, pero resulta inevitable que estos hechos generen cuestionamientos y alimenten el debate político.
Mientras tanto, a nivel nacional, continúan desarrollándose causas judiciales, denuncias cruzadas y discusiones que ocupan espacio en la agenda pública. Sin embargo, la experiencia argentina demuestra que muchas veces todo puede quedar rápidamente desplazado cuando aparece un acontecimiento capaz de captar la atención colectiva.
Y ese acontecimiento está a la vuelta de la esquina.
En pocos días comenzará el Mundial más grande de la historia. Por primera vez participarán 48 selecciones y la competencia se desarrollará en tres países. La Selección Argentina ya inició su preparación con una base importante de futbolistas campeones del mundo que buscarán defender la corona obtenida en Qatar y seguir escribiendo páginas doradas para el fútbol nacional.
No será un Mundial más. Será, probablemente, la última gran cita mundialista de Lionel Messi. Será una nueva oportunidad para que Lionel Scaloni y su cuerpo técnico intenten sostener una etapa extraordinaria que ya les permitió conquistar la Copa América, la Finalissima y la Copa del Mundo.
Y como ocurre cada cuatro años, el fútbol volverá a transformarse en el gran tema de conversación. Los argentinos volveremos a discutir formaciones, rivales, estadísticas, candidatos y posibilidades. Durante algunas semanas la pelota ocupará el centro de la escena y millones de personas volverán a ilusionarse con una nueva estrella.
Pero eso no debería tapar nada. La historia nos dejó demasiados antecedentes sobre cómo, detrás de la enorme pasión que despierta un Mundial, muchas veces quedan relegadas discusiones, conflictos y realidades que siguen esperando respuestas. No se trata de renunciar a la ilusión ni de dejar de disfrutar del fútbol. Se trata simplemente de no olvidar lo importante mientras miramos rodar la pelota.
Las heridas no deberían taparse con festejos. La memoria de Agostina, de Loan y de tantos otros nos recuerda que la realidad sigue allí, con sus problemas y sus preguntas. Tampoco deberían desaparecer de la agenda los temas locales que involucraron a funcionarios o personas vinculadas a la gestión pública y que hoy siguen bajo investigación o generan legítimos interrogantes. Que las ilusiones del fútbol nos acompañen, sí, pero que no nos hagan olvidar lo que duele ni aquello que todavía espera respuestas.
Que tengamos una bendecida semana.
AL QUE LE QUEPA EL SAYO…











