La Organización Mundial de la Salud afirma que 9 de cada 10 personas respiran aire contaminado. La contaminación del aire, el calentamiento global y los periodos con temperaturas climáticas extremas, son algunos de los principales problemas a los que se enfrentan las ciudades de hoy.

Hoy en día, más de la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas. Y según las Naciones Unidas, se estima que esa cifra aumentará a dos tercios para 2050. Ante esa premisa, el inevitable crecimiento de las ciudades debe ser combatido con biodiversidad que aplaque las diferentes problemáticas a las que se enfrentan las urbanizaciones.

Las ciudades de todo el mundo se encuentran con graves desafíos: disminución de la biodiversidad, aumento del nivel del mar, sequías, inundaciones, contaminación del aire, calentamiento global, entre otras. Para lograr mejorar las condiciones medioambientales de las ciudades, se deben implementar estrategias con el objetivo de aumentar la resistencia de las áreas urbanas a las adversidades del clima.

Amanco Wavin junto a dos expertos – Geertjo van Dijk, Experto en Resiliencia Climática Urbana de Wavin y a Marco Roos, reconocido ecólogo urbano que forma parte del Museo y Centro de Biodiversidad neerlandés Naturalis – comparte las claves para la mejora de las condiciones medioambientales de las ciudades.

Agua de lluvia: Devolverle su ciclo natural

Una de las claves principales para mejorar las condiciones medioambientales de las ciudades, es la concientización de tratar al agua de lluvia como una gran fuente de reserva natural.

Como punto de partida, debemos entender que las tormentas y las precipitaciones máximas ocurren todo el tiempo. Aunque esto pueda ser una molestia para las ciudades y tradicionalmente se eviten inundaciones escurriendo el agua de lluvia lo más rápido posible, es importante que en un entorno urbano, se produzca un cambio en nuestro comportamiento para que el agua pase a ser un bien preciado y no un potencial peligro.

Las ciudades deben comenzar a ser consideradas como grandes reservorios de agua. Tal como comenta Van Dijk, “Cinco de los diez meses más secos registrados ocurrieron en los últimos 15 años”.

Ante esta problemática, el agua de lluvia debe almacenarse bajo tierra para que esté disponible ante estas condiciones de sequía que hoy en día suceden con mayor frecuencia. Una gran solución implica que las ciudades instalen sistemas inteligentes de recolección de agua subterránea que almacene la mayor cantidad de agua posible, simulando a un reservorio de agua natural, para que se vacíen cuando no llueva.

El sistema de Aquacell de Amanco Wavin es una de las tantas soluciones desarrolladas durante los últimos 10 años para tratar esta problemática de forma eficiente. Diseñado para el almacenamiento permanente o temporal de agua de lluvia, Aquacell permite una detección temprana del excedente, para lograr reusar el agua para diferentes fines tales como el riego, limpieza o aparatos sanitarios.

Prestar atención a las condiciones y oportunidades de los árboles.

Los árboles son una parte clave en el funcionamiento del ecosistema y en la vida humana ya que ofrecen una amplia gama de beneficios a quienes viven en las ciudades brindando protección y mejora del medioambiente local. Tienen un papel clave ante la lucha contra el cambio climático, las inundaciones, la contaminación e incluso el agotamiento de los nutrientes del suelo.

Debido a los altos niveles de concreto y pavimento, las zonas urbanas suelen tener una temperatura mucho más alta que las zonas rurales. Debido a la escasez de vegetación, absorben y retienen el calor durante el día creando un calentamiento localizado y generando que las condiciones de vida sean incómodas y peligrosas para sus habitantes.

Observando las áreas cubiertas por árboles en las ciudades podemos encontrar que esas zonas registran una temperatura de superficie terrestre mucho más baja en comparación a aquellas zonas donde no hay presencia de árboles. Las sombras que brindan y los efectos de la transpiración juegan un rol importante para generar esta regulación en la temperatura.

Además de los beneficios medioambientales, y para la salud física que proporcionan los árboles, también es importante mencionar la influencia positiva que tienen en nuestra salud mental. A través de varios estudios, podemos afirmar que los mismos están fuertemente relacionados con una reducción de síntomas de depresión, pensamientos negativos, y hasta un mejor estado de ánimo. Se ha encontrado evidencia de que son fuente de estímulo para hacer ejercicio, de tiempos de recuperación hospitalarios reducidos, y también funcionan como reguladores de estrés.

¿Sabías que los árboles también reducen los ruidos de tráfico en las ciudades? Forest Research (FR), la agencia de investigación de la Comisión Forestal (FC), afirma que plantar “amortiguadores de ruido” compuestos de árboles y arbustos puede reducir el ruido de cinco a diez decibelios por cada 30 m de ancho de bosque, especialmente los tonos agudos, y esto reduce el ruido llega al oído humano en aproximadamente un 50%.

Es por eso que debemos prestar suma atención a las condiciones y oportunidades que tienen los árboles en las zonas urbanas ya que no suelen ser las mejores para su desarrollo y curso natural. Algunos de los problemas más comunes van desde inconvenientes en su nutrición, ya que las raíces no pueden penetrar fácilmente el suelo urbano, hasta la reproducción porque los municipios suelen decidir dónde se ubican las zonas verdes en las ciudades.

Una solución interesante para esta problemática que enfrentan las urbanizaciones es plantar árboles utilizando tree tanks. Se trata de tanques subterráneos capaces de contener la capacidad necesaria de tierra y que puedan almacenar suficiente cantidad de agua de lluvia durante períodos de tiempo más prolongados. Como resultado, las raíces tienen la posibilidad de desarrollarse y, al mismo tiempo, se resuelven los problemas relacionados con la escasez de agua.

La ciudad debe ser una gran reserva natural

Hoy en día las ciudades enfrentan grandes desafíos medioambientales que afectan nuestro presente como también el futuro de las próximas generaciones que vivirán en ellas. Para empezar a contrarrestar los efectos a los que nos enfrentamos, debemos aprender a trabajar en conjunto con la naturaleza. Debemos valorar nuestras ciudades y entender que las mismas forman un ecosistema continuo con la naturaleza, dejando de lado las fronteras entre la vegetación y los edificios.

La infraestructura azul y verde es una solución para mejorar la resiliencia climática, la calidad del aire, el agua de las ciudades y la biodiversidad. Incluir techos verdes, estanques de retención y detención, canales, zanjas de infiltración, cuencas de retención y jardines de lluvia en las ciudades, son algunas de las tantas formas en las que podemos tomar acción para lograr que las zonas urbanas se vuelvan una gran fuente reserva natural. Tal como menciona Roos, “Por un lado, se trata de equilibrio: diseño y estructura y, por otro lado, se trata de facilitar los procesos biológicos para lograr una ecología urbana lo más natural posible.”

Los geosintéticos juegan un rol importante y son una parte esencial para que la creación de una capa de biodiversidad urbana sea económicamente viable. Los mismos, son materiales utilizados para la construcción fabricados a partir de resinas plásticas, que debido a sus propiedades mecánicas e hidráulicas pueden mejorar, cambiar o mantener las características del suelo. Sus beneficios no solo son económicos. Los geosintéticos tienen mayor durabilidad y reducen los tiempos de ejecución lo que se traduce en menor utilización de equipos de construcción que genera una reducción importante en emisiones de CO2 contribuyendo así con un menor impacto ambiental.


En las cubiertas verdes, por ejemplo, los materiales geosintéticos aportan beneficios facilitando su construcción. Se usan geomembranas como material impermeable, los geotextiles como separadores y filtros, y los geocompuestos como medio drenante. Así, se logran construir cubiertas muy eficientes y livianas.

Las cubiertas verdes son instalaciones de superficies vegetales en lo alto de los edificios. La instalación de 100 m2 de cubierta vegetal puede producir el oxígeno que necesitan 100 personas al año. Estas cubiertas funcionan como sumideros de CO2, el gas responsable del cambio climático. Por cada cubierta verde de 100m2 se reduce hasta 1.8 Tn al año el gas responsable del efecto invernadero.

Además, los espacios verdes pueden reducir la temperatura ambiente de las ciudades hasta 1ºC, otro beneficio de los tejados verdes es la retención del 40% del agua de lluvia.