
La empresa japonesa donó una camioneta íntegramente hecha en la planta de nuestra localidad.
El vuelo que tiene como destino final la Base Marambio, en la Antártida Argentina, con escala previa en Río Gallegos: se va a demorar un poco.
Dentro de este buque de carga con alas y hélices viaja una Toyota Hilux, amarrada con ganchos y cadenas, que también deberá esperar al nuevo informe de vuelo.
Se trata de una unidad que salió de la línea de montaje de la fábrica que la marca japonesa tiene en Zárate. Es la versión GR S (por el Gazoo Racing Sport, la división deportiva de Toyota), que tuvo que ser adaptada especialmente para funcionar a bajas temperaturas y que formará parte de la flota de vehículos de la base austral argentina.
Un integrante de la Fuerza Aérea informa rápidamente del problema del avión: “Saltó un aviso por el aire acondicionado. Están haciendo las pruebas”.
Cualquiera imaginaría que después de detectar el problema, el paso lógico para poder volar será solucionar ese inconveniente. El tiempo que podría llevar su reparación es incierto.
A los pocos minutos, un nuevo informe: “El problema persiste. No es recomendable viajar a 18 mil pies de altura (unos 5 mil metros) sin climatización”.
Pero la solución es más rápida y eficiente que lo que cualquier optimista hubiera pensado: “Vamos a cambiar de avión. En un par de horas estaremos listos para salir”. Claro, son la Fuerza Aérea.
Ahora hay que esperar a bajar toda la carga organizada en pallets que se había acomodado detrás de la Hilux y llevarla al segundo Hércules C130 que estaba estacionado en la pista de la Base Aérea de El Palomar.
Ese contratiempo resultó siendo positivo a pesar de la pérdida de tiempo. El segundo Hércules es el TC-61, la historia viva de esta aeronave en la Argentina. Es que se trata de la primera unidad que adquirió la Fuerza Aérea y que en diciembre del año pasado cumplió 50 años de servicio.
En la actualidad, ese Hércules es uno de los mayores orgullos de la Fuerza Aérea.
Hay que volver a subir. Ya está todo en su lugar. Sólo faltan los pasajeros, que de nuevo nos vamos acomodando con cuidado en los “asientos”. Son una especie de camilla plegable y colgante, con una lona que oficia de cojín y una red de correas que hace las veces de respaldo.
La estrella en esta ocasión es la Hilux que reemplazará a la unidad que la marca japonesa había enviado en 2014: esta vez producida, como dijéramos anteriormente, en nuestra planta, a la que tan sólo le han podido hacer poco más de 4 mil kilómetros, pero que ha tenido su motor en marcha una incontable cantidad de horas.
Una veintena de científicos se acomodan en el Hércules. Su tarea está concluida en esta ocasión, al menos parcialmente. Se les nota en la cara la satisfacción de volver a casa pero con una mueca de nostalgia.









