La médula ósea es un tejido que está dentro de los huesos y cumple una función clave: producir las células de la sangre. De ella dependen los glóbulos rojos, que transportan oxígeno; los glóbulos blancos, que defienden al cuerpo de infecciones; y las plaquetas, que permiten la coagulación.

“Se trata de un proceso vital, porque sostiene funciones esenciales como la oxigenación, la defensa y la cicatrización”, explica la Dra. Viviana Cantarutti, Médica Clínica de OSPEDYC.

Existen dos tipos de médula ósea. La médula roja es la responsable de generar las células sanguíneas y se encuentra en huesos como el esternón, las costillas y las vértebras. La médula amarilla, en cambio, tiene mayor contenido graso y funciona como reserva, aunque puede activarse si el organismo necesita producir más sangre.

“Esta capacidad de adaptarse a las necesidades del cuerpo es fundamental para mantener el equilibrio del sistema sanguíneo”, señala la especialista.

Cuando la médula no funciona correctamente y deja de producir células sanas, puede ser necesario un trasplante, que permite reemplazarlas por otras capaces de restablecer la producción de sangre.

“El objetivo es que esas nuevas células vuelvan a generar sangre de manera normal”, detalla Cantarutti.

El trasplante puede realizarse con células del propio paciente o con las de un donante compatible. También pueden utilizarse células provenientes de sangre de cordón umbilical o de familiares parcialmente compatibles.

Encontrar un donante no siempre es fácil: 3 de cada 4 personas que necesitan un trasplante no tienen un familiar compatible y dependen de donantes voluntarios. “Por eso, la donación es fundamental: cuantos más donantes haya, mayores son las posibilidades de encontrar compatibilidad”, agrega la Dra. Cantarutti.

Inscribirse como donante de médula amplía las posibilidades de encontrar un donante compatible, clave para salvar vidas en todo el mundo (Getty Images)

En Argentina, cada año muchas personas necesitan un trasplante de médula ósea para seguir adelante con su vida. Donar es un proceso sencillo, seguro y puede marcar una diferencia enorme: empieza con un gesto mínimo y puede convertirse en una oportunidad única para alguien más.

Quienes deseen ayudar pueden inscribirse en el Registro Nacional de Donantes del INCUCAI si tienen entre 18 y 40 años, buen estado de salud y pesan más de 50 kilos. El primer paso es muy simple: una extracción de sangre que permite conocer la compatibilidad con pacientes que necesitan un trasplante.

Si en algún momento aparece una coincidencia, el donante es contactado para avanzar. Ese llamado puede significar algo enorme: ser la única posibilidad para otra persona.

En la mayoría de los casos, la donación se realiza mediante aféresis, un procedimiento similar a donar sangre, en el que se extraen las células necesarias y el resto se devuelve al cuerpo. En menor medida, puede realizarse a través de una punción en la cadera, bajo anestesia. Ambos métodos son seguros y están controlados por profesionales de la salud.

“Donar células madre es un gesto simple que puede convertirse en una nueva oportunidad de vida”, finaliza Cantarutti.