La primera central nuclear de América Latina dejó de generar en septiembre de 2024, después de cinco décadas de funcionamiento, para iniciar un proceso de renovación y actualización integral de sus instalaciones.

Desde entonces se llevaron adelante más de 17.000 tareas, que incluyeron la renovación de equipos, actualización de sistemas y nuevas obras dentro del complejo nuclear. Entre los trabajos realizados se encuentran la renovación del sistema de protección del reactor, la modernización de la red eléctrica y mejoras en los sistemas de refrigeración de las piletas de combustible gastado, además de inspecciones sobre los generadores de vapor.

El proyecto también demandó nuevas construcciones, entre ellas un edificio de ingeniería con capacidad para 180 puestos de trabajo, destinado a acompañar las distintas etapas de la intervención.

La recarga de combustible prevista para principios de 2027 será uno de los hitos centrales antes del retorno de Atucha I a la generación. Todo el proceso debe ser evaluado y documentado ante la Autoridad Regulatoria Nuclear, que deberá autorizar la nueva licencia de operación.

La experiencia de Nucleoeléctrica en este tipo de proyectos tiene como antecedente la extensión de vida de la Central Nuclear Embalse, que permitió prolongar otros 30 años su funcionamiento y también aportó conocimientos que la empresa actualmente busca ofrecer en otros mercados.