Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Feliz domingo para todos.

Hay semanas en las que pareciera que el mundo entero vive pendiente del próximo acontecimiento. Un misil que todavía no fue lanzado, un partido que aún no comenzó, una tormenta que todavía no llegó o una decisión política que puede cambiar el rumbo de millones de personas. Vivimos tiempos en los que la incertidumbre parece haberse convertido en la única certeza. Sin embargo, hay una diferencia enorme entre resignarse a esperar o prepararse para lo que viene.

Mientras el planeta vuelve a mirar con preocupación hacia Medio Oriente, Estados Unidos e Irán reavivan una tensión que nunca terminó de desaparecer. Declaraciones cruzadas, movimientos militares, advertencias diplomáticas y un delicado equilibrio geopolítico mantienen al mundo en estado de alerta.

Las guerras nunca comienzan el día en que se dispara el primer misil. Empiezan mucho antes, cuando el diálogo deja de ser el camino, cuando las posiciones se endurecen y cuando la diplomacia pierde espacio frente a la confrontación.

Nadie puede asegurar qué ocurrirá durante las próximas semanas. Pero sí sabemos quiénes terminan pagando siempre el costo de los conflictos: los pueblos.

Ojalá vuelva a imponerse la prudencia antes que la fuerza.

Mientras tanto, millones de personas encuentran un respiro en otro escenario completamente distinto.

El Mundial de la FIFA 2026 ya ingresó en su etapa decisiva y volvió a demostrar por qué continúa siendo el acontecimiento deportivo más importante del planeta. Para los argentinos, además, representa una pasión capaz de detener al país entero detrás de un mismo sueño: conquistar la cuarta estrella.

Durante poco más de un mes desaparecen fronteras, idiomas, diferencias culturales e ideológicas, e incluso los colores futboleros de cada fin de semana, para dejar paso a una pasión capaz de reunir a miles de millones de personas frente a una misma pantalla.

El fútbol tiene esa capacidad única de emocionar incluso en tiempos donde abundan las malas noticias.

Y la Argentina anoche volvió a regalarnos otra alegría.

Costó. Hubo momentos de sufrimiento, otros de muy buen fútbol y también mucho carácter. Los dos delanteros volvieron a convertir para meter a la Selección en las semifinales y seguir alimentando el sueño de una nueva Copa del Mundo. Pero, por encima del resultado, el equipo de Lionel Scaloni volvió a demostrar que sabe competir cuando el margen de error desaparece.

La clasificación no fue solamente un resultado deportivo. Fue la confirmación de un grupo que hace varios años construyó una identidad alrededor de dos liderazgos silenciosos: Lionel Scaloni desde el banco y Lionel Messi dentro de la cancha. Detrás de “Los Lioneles”, la Selección volvió a demostrar que el compromiso colectivo sigue estando por encima de cualquier individualidad.

Ahora llegará otro capítulo que el fútbol parece empeñado en escribir una y otra vez.

Argentina e Inglaterra volverán a encontrarse en una Copa del Mundo.

Cada vez que ambas selecciones se cruzan, nunca juegan solamente once futbolistas contra otros once. También aparecen la historia, la memoria, los recuerdos imborrables, las emociones y una rivalidad que trasciende largamente los noventa minutos.

Desde el inolvidable Mundial de México 1986, apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas, cada enfrentamiento quedó grabado en la memoria de varias generaciones de argentinos. Allí aparecieron “La Mano de Dios” y, pocos minutos después, el que para muchos sigue siendo el mejor gol de la historia de los Mundiales. Ahora será Lionel Messi quien tendrá la oportunidad de escribir su propio capítulo frente al viejo rival deportivo de siempre.

El próximo miércoles volverá a escribirse una nueva página. Ojalá el próximo domingo volvamos a encontrarnos con la ilusión intacta y la Argentina jugando una nueva final del mundo.

Pero mientras el mundo discute guerras y el país se paraliza frente al Mundial, en Zárate también hay quienes miran hacia adelante.

Durante esta semana el Municipio, encabezado por el intendente Marcelo Matzkin, comenzó a profundizar la planificación preventiva frente a los pronósticos que anuncian para el último trimestre del año la posible presencia de un fenómeno de “Súper Niño”, con lluvias superiores a los valores habituales y mayores riesgos hidrológicos para buena parte de la provincia de Buenos Aires.

No se trata de generar temor. Se trata de generar previsión.

La experiencia indica que las emergencias no se improvisan. Se planifican mucho antes de que aparezcan.

Después de tantos eventos climáticos extremos registrados en distintos puntos del país, planificar dejó de ser una opción para convertirse en una obligación.

La coordinación entre áreas municipales, organismos provinciales, fuerzas de seguridad, instituciones y equipos de emergencia representa una señal positiva. Porque gobernar también significa prepararse para aquello que todavía no ocurrió.

Y quizá allí aparezca una enseñanza que atraviesa toda esta semana.

Ni el mundo puede controlar completamente una guerra. Ni un entrenador puede garantizar un resultado. Ni una ciudad puede evitar que llueva.

Pero sí podemos prepararnos mejor para enfrentar cada desafío.

La incertidumbre forma parte de la vida. La responsabilidad también debería formar parte de nuestras decisiones.

Quizá por eso, mientras esperamos el próximo capítulo de la historia —en Medio Oriente, en el Mundial o aquí mismo, en nuestra ciudad—, lo más importante siga siendo actuar con serenidad, compromiso y responsabilidad.

Porque el futuro nunca está completamente escrito. Pero siempre empieza a construirse mucho antes de que llegue. Y quienes entienden esa diferencia suelen estar mejor preparados cuando finalmente aparece.

Que tengamos una bendecida semana.

AL QUE LE QUEPA EL SAYO…