Por Daniel Armando Vogel – Hola, buen día. Feliz domingo para todos. Hay semanas en las que la palabra más importante no es triunfo ni derrota. Es fortaleza. Porque seguir adelante, aun cuando cuesta, también es una forma de vencer. La semana que termina dejó ejemplos muy distintos entre sí, pero unidos por una misma enseñanza: siempre hay razones para levantarse una vez más.
La Selección Argentina ya está en los octavos de final del Mundial. Cumplió el primer objetivo, aunque no de la manera que todos esperábamos. Costó mucho más de lo imaginado. Se sufrió. Se jugó por momentos muy lejos de aquel equipo que maravilló al mundo en Qatar 2022. Hubo demasiados pases hacia atrás, poca sorpresa en ataque y una previsibilidad que incluso un rival como Cabo Verde supo leer casi a la perfección.
Y allí aparece el enorme mérito del seleccionado africano. Un país de apenas medio millón de habitantes fue capaz de competir de igual a igual frente a dos campeones del mundo y terminó poniendo contra las cuerdas al vigente campeón. Se despidió del Mundial, pero se ganó el respeto internacional por su disciplina y su espíritu deportivo.
Mientras seguíamos con el corazón puesto en Norteamérica, el continente recibía una noticia devastadora. Dos violentos terremotos sacudieron Venezuela y provocaron una tragedia humanitaria que conmueve al mundo. Miles de familias quedaron destruidas en cuestión de segundos. La tragedia venezolana volvió a recordarnos lo frágil que puede resultar la vida cuando la naturaleza despliega toda su fuerza. Desde esta columna, nuestro abrazo solidario para ese pueblo hermano que hoy enfrenta una de las pruebas más duras de su historia reciente.
Del dolor global pasamos al legado cercano. Zárate también recibió esta semana una noticia que golpeó profundamente a la comunidad: falleció Marta Molo. Nombrar a Martita es hablar de una vida dedicada al servicio. Farmacéutica, fundadora del Comité de Género de la Cooperativa Eléctrica y, sobre todo, incansable defensora de los animales. Durante décadas caminó las calles rescatando perros y gatos, impulsó campañas de vacunación y castración, promovió la adopción responsable y trabajó incansablemente para crear conciencia sobre el cuidado de quienes no tienen voz. Zárate perdió a una gran vecina, pero ganó un legado que permanecerá mucho tiempo entre nosotros. Descansá en paz, Martita.
La vida también nos regaló motivos para celebrar. Este 1° de julio, EL DEBATE cumplió 126 años. No es solamente un aniversario periodístico. Es la historia de una ciudad contada durante más de un siglo. Desde aquel primer ejemplar fundado por Luis Güerci y dirigido por José Severio Massoni, el diario acompañó el crecimiento de Zárate y fue construyendo una memoria colectiva que hoy forma parte de nuestra identidad.
Nuestra empresa editorial lleva un nombre que resume perfectamente esa manera de entender el periodismo: Un Sentimiento Zarateño. Porque informar también es preservar la memoria, fortalecer el sentido de pertenencia y acompañar la historia cotidiana de una comunidad. En lo personal, dirigir EL DEBATE desde hace treinta años constituye uno de los mayores honores de mi vida profesional. Después de casi cuarenta y siete años de ejercicio periodístico, sigo convencido de que el verdadero privilegio no es dirigir un medio, sino poder contar la historia de una ciudad que aprendí a querer como propia.
Y ya comenzamos a transitar otra semana muy especial. El próximo 9 de Julio la Argentina celebrará 210 años de la Declaración de la Independencia. En aquella Casa Histórica de Tucumán, un grupo de hombres decidió asumir el enorme desafío de construir un país libre. Lo hicieron en tiempos difíciles, con enormes incertidumbres y con la convicción de que había objetivos superiores capaces de unirlos.
Más de dos siglos después, aquella decisión continúa recordándonos que las grandes construcciones colectivas exigen coraje, compromiso y perseverancia. Quizá esa sea también una buena enseñanza para este tiempo.
Lo vemos en un pueblo venezolano que lucha por ponerse de pie después de la devastación. Lo vimos en la entrega de Cabo Verde, que se ganó el respeto del mundo enfrentando de igual a igual al campeón vigente. Lo encontramos en la vida silenciosa de Marta Molo, que dedicó décadas a cuidar a quienes no tenían voz. Lo sentimos en los 126 años de EL DEBATE, acompañando la historia cotidiana de Zárate.
Al final, las sociedades no se construyen solamente con grandes discursos. Se construyen con personas que, aun en medio de las dificultades, deciden no rendirse y seguir haciendo su parte. Porque contar la historia de Zárate es también contar la historia de quienes nunca se rinden.
Que tengamos una bendecida semana.
AL QUE LE QUEPA EL SAYO…












